oe-oe-oeeeeeeeeee
Pues sí, señoras y señoritas, caballeros y bolitas: se ganó la Copa del Mundo, increíblemente, maravillosamente, totalmente. Perdiendo el primer partido (aquí se los comieron vivos, claro está), metiendo sólo 8 goles, siendo seis de ellos, seis, producto de hermosos tiros, jugadas individuales o estar en el lugar apropiado en el momento justo. ¿Qué puede significar muy en el fondo ésto? Como yo no soy enterada, digo sólo lo que pienso, esto es, que quien ganó la reconsabida copa fue un interesante grupo de jugadores que han sido capaces de hacer cosas juntos, pero nunca revueltos, y me explico:
o mejor no. En realidad, lo que quería airear aquí es la sorpresa de enterarme que la final, que pasó a las 8 y media de la tarde en domingo, no fue transmitida, por ejemplo, en ninguna de las televisiones de los aeropuertos de Cataluña. Y tampoco en ningún campamento de verano de la misma zona: incluso se les hizo creer a los niños que había ganado Holanda.
A mí es que me da pena ajena. Que los catalanes, de quienes dicen que cuando tienen que correr tras un transporte público lo hacen de un taxi, porque así se ahorran más, son muy suyos, trabajadores, dueños de una de las regiones más ricas y productivas del país; aman tanto su cultura y su tierra, que pelean con dientes y garras porque nadie que no hable su lengua pueda obtener un trabajo, o escolarizar a sus hijos, vamos, al grado de poner unas tremendas multas a todos los empresarios que tengan la publicidad de su negocio en español, y cuyo presidente (es decir, de la comunidad autónoma de Cataluña) recibe tratamiento de Jefe de Estado cuando viaja al extranjero; incluso tienen embajadas (pues eso: embajadas) en varios países... a ver, que se nota a leguas que no quieren formar parte del resto de España, y el hecho de que muchos de los mejores jugadores de la selección pertenezcan a esa comunidad autónoma, bueno, hasta parecería que no les hace maldita la gracia. Por tanto, no había gran cosa que festejar cuando Iniesta metió su gol. Que juega en el Barcelona, va y pasa: pero no, no era para tanto.
Y eso me da mucha pena ajena.
Porque si allá me daban más bien la risa loca esas supuestas broncas entre el América y el Guadalajara, entre los que viven en la capital y los de Monterrey, pues mira: eso es moco de pavo comparado con la 'unión' que quesque hay aquí.
… y con todos ustedes: ¡Agosto!
Esa es la frase para presentar a alguien, por cierto, siempre incluye el 'todos'. Bueno, pues eso: llega agosto y con este bendito, ardiente mes, aquí cambian las cosas ¡muy mucho! Lo primero es que -aunque han empezado en julio- la gran mayoría de pueblos de España celebran sus fiestas, lo cual básicamente significa ferias con juegos mecánicos -la última vez que fui costaba dos euros subirse a lo que hubiera-, puestos de comida (no, nada de garnachas, sorry: aquí la vitamina 'T' no es conocida; lo más cercano a las Américas son hot-dogs, lo demás son montaditos -pedazo de pan con algo en general incomible para servidora, así que imagínense-, cerveza al por mayor y cosas a las brasas -mejor no especifico-); qué más, a ver: ¡música, claro, música! Orquestas que tocan los grandes éxitos del cretásico, el jurásico y del mes pasado; a veces hay importantes artistas que cierran el evento, culminando, siempre, con fuegos artificiales, normalmente a media noche. Te lo pasas muy bien, en general, primero porque ya no hace ese calor sofocante de día, segundo porque siempre te encuentras gente y tercero... pos porque sí. Los jóvenes, por supuesto, aprovechan para hacer 'botellón', que traducido al mexicano es una como reunión multitudinaria donde sólo se va a agarrar la peda. Llevan sus botellas, vasos y cocas en bolsas de plástico (todo tamaño gigante) y mezclan con singular alegría.
Si estás en la playa, ¡divino de la muerte! Si no, pues a aguantar lo mejor posible. Los kioskos de prensa se escalonan, con lo cual para comprar el periódico tienes que controlar cuál está abierto y cuándo cierra por vacaciones... oye, porque todos se merecen un descansito luego de trabajar un año entero ¿no? Que una cosa es que el país esté en franca crisis y otra que uno se tenga que quedar con estos calores... cierran las tiendas pequeñas, los súpers pequeños, las peluquerías, las papelerías, las panaderías, todo lo que termine en ías.
En la tele sólo hay relleno en cuanto a películas y repiten series viejas -o como House, que mientras vienen los nuevos capítulos están dale que te pego con los anteriores-, y presentadores (sí, así se dice) que suplen a los titulares, que también tienen que descansar. Hay estrenos en los cines -algo relativamente nuevo, que antes había que esperar a la Navidad para ver la nueva de Disney- y el negocio, por lo que he leído, no va nada mal. La entrada vale 7 euros.
Agosto es el mes donde sabes quién es turista y quién es local: la gente que anda a mediodía caminando mientras sudan el bofe, ya no hace falta ni observar si traen cámara, o zapato cómodo o abanico: son turistas, seguro.
… porque la tele, ay, la tele
¿Se acuerdan que hace algunos meses inició la televisión digital terrestre? 25 canales gratis más otros de pago, más la opción tradicional que es como Cablevisión, también con paquetes. Bueno, pues eso es igual que allá: puedes darle la vuelta completa al mando a distancia (que sí, pues, el control remoto) y no hay nada que ver... cielos.
En la tele 'abierta' las mañanas se dedican a magacines, donde se comentan todo tipo de cosas, desde cómo cocinar un cordero con bechamel y ajos, salud, temas de famosos y demás, y uno que otro programa de tertulia política. A medio día se ven los telediarios, incluido su espacio de deportes, más o menos de 5 minutos, cuatro de los cuales son para el futbol, y lo demás para los otros pobres atletas que no patean un balón, ciclismo si es temporada, tenis si está Nadal, coches si está Alonso, ya me entienden.
Por la tarde no hay nada, prácticamente nada que no atente contra tu salud mental. Los programas son magacines también, pero de temas del corazón o 'rosas': quién se casó o se descasó, demandas, embarazos, chismes baratos y llenos de morbo... que sin embargo les generan muchísimo dinero a los interesados ¡cobran un chingo por ir a decir que ya no andan con fulano o zutana, por airear los trapos sucios, por discutir en pantalla! Patético.
En la noche ya se pone mejor, hay programas de concurso muy divertidos como 'Pasapalabra' o 'Password' y las series que supongo allá se ven (¿les había dicho que aquí le dicen Horatio al de CSI Miami? Pues sí). Y todas las películas que se puedan imaginar, siempre dobladas. La verdad es que ahora mismo ya no lo sé de cierto si sigue pasando, pero antes, allá en el otro siglo, el programa más visto en el día era el de un cocinero vasco muy simpático y original, Arguiñano; y los viernes tarde, nada menos que la película porno (porno, porno) que emitía Canal +, con la pequeña salvedad de que sólo se podía ver si estabas suscrito al cable y si no, se veía codificada ¡aún así era el espacio más visto! Ah, y por supuesto, en todos sus horarios, el clima ¡es el rey de audiencia! Le atinan con la misma gracia que un borracho el váter, pero cuando les sale bien se sigue casi con religiosidad.
Y como va a empezar por ochentava vez un capítulo de la temporada 6 de House, me voy.
sábado, 31 de julio de 2010
viernes, 23 de julio de 2010
Miau
¿Que si me gustan los animales? Sí ¡mucho! ¿Que cuáles? Pues todos.
Bueno, en realidad no todos. Más bien bastantes. O algunos... Igual diría que unos pocos. Deja pienso: los que me parecen alucinantes y preciosos (del National Geographic o el zoológico) y los demás, esos que me dan ataques de más bien pavor en vivo y a todo color, que pueden ser, por ejemplo y sin pensar, que tengan alas, sin importar tamaño, origen o especie: que la sola idea de que me aleteen cerca me pone a sudar frío... y ya ni hablemos de los bichos, que soy capaz de salir huyendo como si me quisieran vender el Atalaya. Sí, amigos y vecinos, he llegado al extremo de salirme con lo puesto y no volver en horas hasta que mi caballero andante se asegura que la despistada abeja que entró por la ventana o bien ha desaparecido o ha caído infartada tras mis gritos; que eso no quita que admire la belleza y utilidad del animalito.
Digo, si se trata de tener animal de compañía, en mi top ten, sí, ya, qué aburrido, se pelean el primer lugar los guaus y los miaus... Eh, que también me gustan los toros y las serpientes, pero ni en sueños de ácido tendría uno a menos de 40 metros. O caballos. O koalas. Y mira, gatos son los que siempre he tenido: finos, elegantes y aerodinámicos, mezcla exacta de fiereza y suavidad, curiosos y llenos de vida, cariñosos. Pero muy suyos.
Porque ellos te adoptan. Deciden que les gustas (o te soportan, a ver) y te permiten que compartas su espacio y su vida. Mi debut fue con una gata multicolor, salida de quién sabe dónde, que se tuvo que tragar un primer nombre, África, producto de la ensoñación de mi época “Lágrimas y Risas” -desvarío para otro día-, para pasar a llamarse algo que sonaba como a Cushita, igual porque así me pelaba un poco -o le sonaba menos ignominioso que el del continente. Vivía en casa, dormía a mi lado y comía 5 pesos de carne molida -que me daba mi apá- diariamente. Y lista ella, pasaba de mis hermanos, que no al contrario. Supe que había tenido mucha suerte pues mi gata no mordía ni arañaba y siempre se dejaba acariciar, amén de aceptar estoica todas las barbaridades que aquellos dos le hacían, experimentos tales que incluían agua, por nombrar algo: aquí y ahora consta en actas que sólo eran niños y actuaban como tales, pero ¿por qué la receptora de esos diabólicos juegos tenía que ser mi gata? Ella siempre aguantó vara, supongo que el menú tiraba mucho, aunque en el fondo de mi corazón sentía que lo hacía porque me quería.
Cuando salió con su Domingo Siete -mi apá dixit-, yo no me enteré sino hasta la mera hora. Se hizo mayor sin que me diera cuenta y una bonita noche de verano va y empieza a tener su descendencia ¿dónde iba a ser? En mi cama, claro. El susto inicial de escuchar esa especie de quejidos-maullidos a la vez que sentía algo húmedo en las pantorrillas, se saldó con un bicho pequeño y húmedo que saqué de debajo de las mantas con franco asco y... procedí a tirar por la ventana del baño. A la mañana siguiente, corrieron a la escuela a decirme que la gata estaba teniendo ¡montones! de gatitos y que, la cosa más rara, había uno bajo la ventana del baño ¡vivo! Al día de hoy, ese sentimiento dietético (es que me acuerdo y la tripa se me sume tanto que hasta parece que pierdo kilos) ¡mira que hasta el parto le interrumpí a la pobre, que me seguía desesperada mientras yo, con el brazo estirado lo más lejos de mi cuerpo, me deshacía de ese supuesto ratón que la muy ladina había traído a mi recámara! Pero hubo final feliz, sin embargo: fueron seis en total, incluyendo al expatriado a fuerzas, que luego fue el más consentido, con su gran cabeza y su cuerpo menudo; recibieron nombres de grandes ladrones de la historia (¿?) ¡y además se acomodó el padre, por los cuernos de una vaca! Que sólo venía, comía y se piraba, claro. Vivían en una caja, en el mini-patio de mi casa allá en la Unidad.
No me pude despedir de ellos -ooootro delirio más, e igual y ni sale nunca-, y supe después que todos habían pasado a mejor vida tras ser atacados a pedrada vil por los gañanes de la unidad, que les debió haber parecido divertidísimo y facilísimo dado que, excepto el padre, todos estaban acostumbrados a los humanos y no sentían ningún miedo. Muy triste, la verdad. Mejor paso a otra cosa.
A la Tita la trajo mi primogénita, directa y sin escalas desde las costas de Guerrero, cuando no tenía más de unas semanas de vida. Que estaba abandonada, dijo ella. Y sin avisar la instaló. Era una gata de apariencia normal, pero pasaba mucho tiempo sola y si la dueña le hacía caso -cuando se lo hacía- era lo mismo que cualquier aumento de sueldo: una miseria. Resultó rezongona y medio agresiva, y las huellas de sus “juegos” -salir de la nada corriendo, atacar las pantorrillas y huir, todo en un instante- nos tenían a las dos aparte de bastante hartas, bastante marcadas. Y encima escondida, porque estaban más que prohibidos los animales allá donde vivíamos. Luego decidimos operarla, ya saben, para evitar un Domingo Siete, y la llevamos a una clínica del Seguro, de humanos, sí, pero es que afuera estaban los veterinarios que 'por la voluntad' se encargaban del tema. Anti higiénico, lleno de polvo, sobre cartones para el post-operatorio, ni una medicina para paliar sus dolores, que tuvo, y muchos: yo tenía el corazón en un puño. La chica se convirtió entonces en el reclamo del nuevo barrio, con serenatas a las dos de la mañana y gatos por todos lados haciendo guardia. Que sepa, ella está bien, se quedó con un amigo cuando se vino la nueva mudanza, esta vez de continente.
Y aquí pasó el más reciente encuentro cercano del tercer tipo. Me acerqué a la Casa de Acogida de Animales Los Cantiles, barrio de Rivas Vaciamadrid, gracias por participar, y dos cosas pasaron: la primera, que estaba Telemadrid grabando un programa sobre el barrio y la adopción de animales y la segunda es que él estaba ahí, ya esperándome, entre más o menos otros 15 primos y parientes. Acepté que me grabaran porque no había nadie más -¡qué oso!- y luego entré a la gran jaula donde estaban echando relajo. Él se me acercó, me dejó cogerlo y luego se acomodó contra mi pecho -fácil ¿no? habida cuenta de las dimensiones...-; en mi eterna manía de bautizar todo lo que se me atraviese, le vi cara de Suso y así quedó. Eso fue hace poco más de un año.
Suso juega a traer su pelota o su peluche favorito una y otra vez, camina a mi lado o corretea a mi alrededor en la calle; acerca despacito hasta poner su cabeza contra la mía, un momento sólo; se acurruca en el hueco de mi brazo para dormir o inicia la mañana tirándome cosas a la cabeza cuando ya quiere que me levante; operado está, en una clínica donde lo trataron como rey y no sufrió lo más mínimo: que sí, que es un consuelo saber que no andará por ahí persiguiendo y preñando gatitas decentes, qué quieren que les diga: pero también es un alivio que el instinto de marcar su territorio también se haya quedado en el limbo. Claro, a veces recuerda que es gato, o se cree niño, y ya puedes llamarlo hasta el cansancio que vendrá cuando buenamente quiera; o le da igual que sólo hayas dormido 4 horas, que hay que empezar a jugar.
Ah, pero esas alegrías que te dan los hijos: la primera vez que se zampó un bicho volador -hasta se le perdonó que jugara con la comida; cuando trajo a su primer amigo -sin avisar- a casa; o la primera vez que usó su cajón de arena; ¡la primera noche que no volvió a dormir! -porque antes de eso, arrastrando además a mi insuperable charro, salimos a buscarlo a las dos de la mañana y lo trajimos de vuelta más que a rastras...
Sí, creo que de gatos va mi vida.
Bueno, en realidad no todos. Más bien bastantes. O algunos... Igual diría que unos pocos. Deja pienso: los que me parecen alucinantes y preciosos (del National Geographic o el zoológico) y los demás, esos que me dan ataques de más bien pavor en vivo y a todo color, que pueden ser, por ejemplo y sin pensar, que tengan alas, sin importar tamaño, origen o especie: que la sola idea de que me aleteen cerca me pone a sudar frío... y ya ni hablemos de los bichos, que soy capaz de salir huyendo como si me quisieran vender el Atalaya. Sí, amigos y vecinos, he llegado al extremo de salirme con lo puesto y no volver en horas hasta que mi caballero andante se asegura que la despistada abeja que entró por la ventana o bien ha desaparecido o ha caído infartada tras mis gritos; que eso no quita que admire la belleza y utilidad del animalito.
Digo, si se trata de tener animal de compañía, en mi top ten, sí, ya, qué aburrido, se pelean el primer lugar los guaus y los miaus... Eh, que también me gustan los toros y las serpientes, pero ni en sueños de ácido tendría uno a menos de 40 metros. O caballos. O koalas. Y mira, gatos son los que siempre he tenido: finos, elegantes y aerodinámicos, mezcla exacta de fiereza y suavidad, curiosos y llenos de vida, cariñosos. Pero muy suyos.
Porque ellos te adoptan. Deciden que les gustas (o te soportan, a ver) y te permiten que compartas su espacio y su vida. Mi debut fue con una gata multicolor, salida de quién sabe dónde, que se tuvo que tragar un primer nombre, África, producto de la ensoñación de mi época “Lágrimas y Risas” -desvarío para otro día-, para pasar a llamarse algo que sonaba como a Cushita, igual porque así me pelaba un poco -o le sonaba menos ignominioso que el del continente. Vivía en casa, dormía a mi lado y comía 5 pesos de carne molida -que me daba mi apá- diariamente. Y lista ella, pasaba de mis hermanos, que no al contrario. Supe que había tenido mucha suerte pues mi gata no mordía ni arañaba y siempre se dejaba acariciar, amén de aceptar estoica todas las barbaridades que aquellos dos le hacían, experimentos tales que incluían agua, por nombrar algo: aquí y ahora consta en actas que sólo eran niños y actuaban como tales, pero ¿por qué la receptora de esos diabólicos juegos tenía que ser mi gata? Ella siempre aguantó vara, supongo que el menú tiraba mucho, aunque en el fondo de mi corazón sentía que lo hacía porque me quería.
Cuando salió con su Domingo Siete -mi apá dixit-, yo no me enteré sino hasta la mera hora. Se hizo mayor sin que me diera cuenta y una bonita noche de verano va y empieza a tener su descendencia ¿dónde iba a ser? En mi cama, claro. El susto inicial de escuchar esa especie de quejidos-maullidos a la vez que sentía algo húmedo en las pantorrillas, se saldó con un bicho pequeño y húmedo que saqué de debajo de las mantas con franco asco y... procedí a tirar por la ventana del baño. A la mañana siguiente, corrieron a la escuela a decirme que la gata estaba teniendo ¡montones! de gatitos y que, la cosa más rara, había uno bajo la ventana del baño ¡vivo! Al día de hoy, ese sentimiento dietético (es que me acuerdo y la tripa se me sume tanto que hasta parece que pierdo kilos) ¡mira que hasta el parto le interrumpí a la pobre, que me seguía desesperada mientras yo, con el brazo estirado lo más lejos de mi cuerpo, me deshacía de ese supuesto ratón que la muy ladina había traído a mi recámara! Pero hubo final feliz, sin embargo: fueron seis en total, incluyendo al expatriado a fuerzas, que luego fue el más consentido, con su gran cabeza y su cuerpo menudo; recibieron nombres de grandes ladrones de la historia (¿?) ¡y además se acomodó el padre, por los cuernos de una vaca! Que sólo venía, comía y se piraba, claro. Vivían en una caja, en el mini-patio de mi casa allá en la Unidad.
No me pude despedir de ellos -ooootro delirio más, e igual y ni sale nunca-, y supe después que todos habían pasado a mejor vida tras ser atacados a pedrada vil por los gañanes de la unidad, que les debió haber parecido divertidísimo y facilísimo dado que, excepto el padre, todos estaban acostumbrados a los humanos y no sentían ningún miedo. Muy triste, la verdad. Mejor paso a otra cosa.
A la Tita la trajo mi primogénita, directa y sin escalas desde las costas de Guerrero, cuando no tenía más de unas semanas de vida. Que estaba abandonada, dijo ella. Y sin avisar la instaló. Era una gata de apariencia normal, pero pasaba mucho tiempo sola y si la dueña le hacía caso -cuando se lo hacía- era lo mismo que cualquier aumento de sueldo: una miseria. Resultó rezongona y medio agresiva, y las huellas de sus “juegos” -salir de la nada corriendo, atacar las pantorrillas y huir, todo en un instante- nos tenían a las dos aparte de bastante hartas, bastante marcadas. Y encima escondida, porque estaban más que prohibidos los animales allá donde vivíamos. Luego decidimos operarla, ya saben, para evitar un Domingo Siete, y la llevamos a una clínica del Seguro, de humanos, sí, pero es que afuera estaban los veterinarios que 'por la voluntad' se encargaban del tema. Anti higiénico, lleno de polvo, sobre cartones para el post-operatorio, ni una medicina para paliar sus dolores, que tuvo, y muchos: yo tenía el corazón en un puño. La chica se convirtió entonces en el reclamo del nuevo barrio, con serenatas a las dos de la mañana y gatos por todos lados haciendo guardia. Que sepa, ella está bien, se quedó con un amigo cuando se vino la nueva mudanza, esta vez de continente.
Y aquí pasó el más reciente encuentro cercano del tercer tipo. Me acerqué a la Casa de Acogida de Animales Los Cantiles, barrio de Rivas Vaciamadrid, gracias por participar, y dos cosas pasaron: la primera, que estaba Telemadrid grabando un programa sobre el barrio y la adopción de animales y la segunda es que él estaba ahí, ya esperándome, entre más o menos otros 15 primos y parientes. Acepté que me grabaran porque no había nadie más -¡qué oso!- y luego entré a la gran jaula donde estaban echando relajo. Él se me acercó, me dejó cogerlo y luego se acomodó contra mi pecho -fácil ¿no? habida cuenta de las dimensiones...-; en mi eterna manía de bautizar todo lo que se me atraviese, le vi cara de Suso y así quedó. Eso fue hace poco más de un año.
Suso juega a traer su pelota o su peluche favorito una y otra vez, camina a mi lado o corretea a mi alrededor en la calle; acerca despacito hasta poner su cabeza contra la mía, un momento sólo; se acurruca en el hueco de mi brazo para dormir o inicia la mañana tirándome cosas a la cabeza cuando ya quiere que me levante; operado está, en una clínica donde lo trataron como rey y no sufrió lo más mínimo: que sí, que es un consuelo saber que no andará por ahí persiguiendo y preñando gatitas decentes, qué quieren que les diga: pero también es un alivio que el instinto de marcar su territorio también se haya quedado en el limbo. Claro, a veces recuerda que es gato, o se cree niño, y ya puedes llamarlo hasta el cansancio que vendrá cuando buenamente quiera; o le da igual que sólo hayas dormido 4 horas, que hay que empezar a jugar.
Ah, pero esas alegrías que te dan los hijos: la primera vez que se zampó un bicho volador -hasta se le perdonó que jugara con la comida; cuando trajo a su primer amigo -sin avisar- a casa; o la primera vez que usó su cajón de arena; ¡la primera noche que no volvió a dormir! -porque antes de eso, arrastrando además a mi insuperable charro, salimos a buscarlo a las dos de la mañana y lo trajimos de vuelta más que a rastras...
Sí, creo que de gatos va mi vida.
viernes, 16 de julio de 2010
Quinceañeras
Pensando en Mariana.
Tan chulas de bonitas las tradiciones mexicanas. Desde tiempos inmemoriales, igual desde que la última descendiente femenina quedaba condenada a servir y cuidar a sus ancianos padres, el hecho mismo de haber tenido una chamaca en la familia significaba que había que ir guardando dinerito casi desde que aparece en este mundo, con el único propósito de ofrecerle, cumpliendo los primeros tres lustros de vida, la fiesta de su vida.
Sus XV años.
A ver, que aunque parezca que es el equivalente a una 'puesta de largo', a un cambio de niña a mujer ¿en verdad es así? Si me pongo a comparar -sólo un poquito-, resulta que en mi generación, en general, a los quince seguíamos siendo igual de babosas, igual de ingenuas, igual de niñas. Ya no jugábamos con muñecas, no, pero todavía pensábamos que nos comeríamos al mundo a través de nuestra gracia o inteligencia o belleza, sumidas en la más completa ignorancia sobre temas sexuales (aunque la media de nosotras ya tenía más de dos y tres años comprando 'Kotex,por favor'), especulando como locas, inventando y fantaseando. Y como toda regla que se precie, pues también habían aquellas que ya habían probado muy y mucho y que incluso debutaban con bebé -¡sí, el internacionalmente conocido Domingo Siete!, pasando a ser la portada de todos los chismógrafos, que por cierto eran bastante rupestres ¡pero bien divertidos! Qué páginas sociales ni qué leches...
Pues sí, éramos niñas, pero ya queríamos, esperábamos, ese trato de casi adultos. Aunque siguiéramos sin poder entrar a un antro, comprar alcohol, trabajar sin permiso de los padres, llegar a las tantas mil...
Más o menos corresponde al tiempo en que una está en tercero de secundaria, de modo que o hay montones de curvas y permiso para lucir pierna, o son superficies lisas, lisas con más ángulos que redondeces (este... sí, como servidora). Pero como ya se han empezado los preparativos de la gran pachanga -pues eso, años de anticipación o inmediata deuda contraída, que por la quinceañera todo- ha de solicitarse -y pagar- la misa, que hay que darle muchas gracias al altísimo; apartar -y pagar- el salón más la comida y bebida; contratar -y pagar- al fotógrafo que inmortalizaría toda la historia; escoger -y pagar- las invitaciones, rositas y con campanitas por ejemplo; seleccionar -éso sin pagar- los padrinos, más las damas y chambelanes que han de acompañar a la homenajeada; preparar -y pagar- los ensayos y el profe que habrá de poner el (los) baile (s) con que se deleitarán los invitados; contratar -y pagar- al grupo que en vivo animaría el jolgorio; ah, y elegir -y pagar, claro- el vestido y los accesorios ¡el mágico vestido de muñequita de pastel para el gran inicio de noche!
Mi sentido del ridículo accionó todas las alarmas: ni me veía vestida de algodón de azúcar en feria, mucho menos me imaginaba bailando un suave vals, seguido de la rola de moda (y seguramente repitiendo, ya ven cómo es la familia de la festejada); era en realidad un sentimiento encontrado, porque me hacía ilusión por mis amigas, pero luego sólo quería quedarme atrás y lejos, deseando que la comida que sirvieran entrara en mi escaso cuadro de alimentos comestibles, y que alguien me sacara a bailar algo que no fuera ni cumbia, ni salsa, ni música en español. Vanos sueños, vamos a ver. Nadie me quitaba el derecho a fantasear que vestida de largo yo parecía una versión mexicana de Renee Russo, aunque tuviera que ponerle relleno a... bueno, lo que necesitara relleno y se mantuviera en su sitio, claro, aunque la sola idea de aparecer con un peinado de esos esponjosos, esponjosos en realidad me ponía los pelos de punta, oh, sí.
A varias pachangas fui, primero de las amigas de mi hermanote, luego por algunas de las mías. Nunca pude, sin embargo, ir vestida estrenando ese modelito cuya parte superior en color crudo era de manga corta, con un cuello pequeñito y redondeado tipo camisa escolar -o de guardería, god- y alguno que otro aplique tipo encaje, con un gran cinturón oscuro y el cuerpo de tela a cuadros grandes, no escocesa, sino en tonos café. Si ya se acabaron las risitas, sigo.
Visto lo visto, empecé a perder las ganas con la misma rapidez con que descubrí que yo no quería una misa, me parecía falso y bastante hipócrita, y tampoco quería una fiesta donde no tocaran la música que me gusta y donde tuviera que entretener al personal haciendo como que sabía bailar un vals con un chico que seguramente, seguramente, tendría dos pies izquierdos. Nada de eso para mí. Además, mi entorno se volvió un aliado: mis hermanos andaban, respectivamente, haciéndola de comparsas para otras quinceañeras y pasando olímpicamente del tema, y mi papá tenía demasiadas cosas en la cabeza y una nula experiencia con pre-adolescentes del sexo femenino. En fin, que ni yo quería ni había nadie a mi alrededor que fomentara esa ilusión. Digamos que no se perdió nada, no tuve tiempo de sentir que me hacía falta... ante la oportunidad de ponerme ropa ajustada, bailar a The Animals, o Chicago o Billy Preston ¡de que no hubiera adultos en las rolas migajonas para las que ya se había instituido el siempre entrañable “Baile de cartón de cerveza”! Y como ya había entrado -con mis hermanos, claro- en la vorágine de las fiestas de secundaria cuyo objetivo principal era juntar dinero para la fiesta de graduación, mira, vi la mía: mis quince años fueron maravillosos, divertidísimos, en un reventón de miedo en casa de los Franco, allá en Lindavista, estrenando unos alucinantes ¡y altísimos! zapatos de tacón Canadá (¡Canadá, por las patas de mi cama!), bailando hasta que se acabó el permiso y dándome unos kikoretes -sí, bueno, y un poquitín, sólo poquitín más- con... ¡ah, casi se me escapa! Ese me pertenece, sorry, aunque sí diré que me regaló el disco “Bread Greatest Hits”, creo, y me lo dedicó como “de parte del héroe superplanetario”. Que cada quien saque sus conclusiones.
Así que si no hay novia fea, o eso dicen, definitivamente no hay quinceañera sin ilusión. Somos preciosas y perfectas, aunque el que nos gusta no nos haga ni caso y huyamos de los 'feos' como de las vacunas; aunque no nos den aquello por lo que suspiramos o nos emberrinchamos. No nos cambiaríamos por ninguna, y la emoción de llegar a ese día, y mejor aún, pasarlo y luego otro, y otro más... eso hace que valga la pena todo. Somos reinas por un día aún sin vestido, sin damas y chambelanes. Hemos traspasado una hermosa barrera que nos permite guardar a las barbies en el fondo del armario y luego sacarlas a escondidas; donde se conocen otros besos, otros dramas, nuevos secretos, donde el maquillaje adquiere una nueva dimensión y el resto de los bípedos se pasan a dividir entre los rucos y los chamaquitos. Las amigas serán más que especiales y poderosas, y los amigos, los amigos serán lo que una quiera que sean, qué chihuahuas.
¡Marianeta! ¡Te quiero mucho, muchachita! ¡Felices XV para ti! Ten un abrazo y un beso gigantes, cierra un momento los ojos y mírame bailando un rockandroll en tu honor. Óyeme aplaudiendo como una loca en tu día y cantándote las mañanitas con sabor a tu prima: japi-beibi-yu-yu, japi-beibi-yu-yu, japi-beibi-querida niña, japi-beibi-yu-yuuuuuuuu.
Aquí te llevo en mi corazón.
Tan chulas de bonitas las tradiciones mexicanas. Desde tiempos inmemoriales, igual desde que la última descendiente femenina quedaba condenada a servir y cuidar a sus ancianos padres, el hecho mismo de haber tenido una chamaca en la familia significaba que había que ir guardando dinerito casi desde que aparece en este mundo, con el único propósito de ofrecerle, cumpliendo los primeros tres lustros de vida, la fiesta de su vida.
Sus XV años.
A ver, que aunque parezca que es el equivalente a una 'puesta de largo', a un cambio de niña a mujer ¿en verdad es así? Si me pongo a comparar -sólo un poquito-, resulta que en mi generación, en general, a los quince seguíamos siendo igual de babosas, igual de ingenuas, igual de niñas. Ya no jugábamos con muñecas, no, pero todavía pensábamos que nos comeríamos al mundo a través de nuestra gracia o inteligencia o belleza, sumidas en la más completa ignorancia sobre temas sexuales (aunque la media de nosotras ya tenía más de dos y tres años comprando 'Kotex,por favor'), especulando como locas, inventando y fantaseando. Y como toda regla que se precie, pues también habían aquellas que ya habían probado muy y mucho y que incluso debutaban con bebé -¡sí, el internacionalmente conocido Domingo Siete!, pasando a ser la portada de todos los chismógrafos, que por cierto eran bastante rupestres ¡pero bien divertidos! Qué páginas sociales ni qué leches...
Pues sí, éramos niñas, pero ya queríamos, esperábamos, ese trato de casi adultos. Aunque siguiéramos sin poder entrar a un antro, comprar alcohol, trabajar sin permiso de los padres, llegar a las tantas mil...
Más o menos corresponde al tiempo en que una está en tercero de secundaria, de modo que o hay montones de curvas y permiso para lucir pierna, o son superficies lisas, lisas con más ángulos que redondeces (este... sí, como servidora). Pero como ya se han empezado los preparativos de la gran pachanga -pues eso, años de anticipación o inmediata deuda contraída, que por la quinceañera todo- ha de solicitarse -y pagar- la misa, que hay que darle muchas gracias al altísimo; apartar -y pagar- el salón más la comida y bebida; contratar -y pagar- al fotógrafo que inmortalizaría toda la historia; escoger -y pagar- las invitaciones, rositas y con campanitas por ejemplo; seleccionar -éso sin pagar- los padrinos, más las damas y chambelanes que han de acompañar a la homenajeada; preparar -y pagar- los ensayos y el profe que habrá de poner el (los) baile (s) con que se deleitarán los invitados; contratar -y pagar- al grupo que en vivo animaría el jolgorio; ah, y elegir -y pagar, claro- el vestido y los accesorios ¡el mágico vestido de muñequita de pastel para el gran inicio de noche!
Mi sentido del ridículo accionó todas las alarmas: ni me veía vestida de algodón de azúcar en feria, mucho menos me imaginaba bailando un suave vals, seguido de la rola de moda (y seguramente repitiendo, ya ven cómo es la familia de la festejada); era en realidad un sentimiento encontrado, porque me hacía ilusión por mis amigas, pero luego sólo quería quedarme atrás y lejos, deseando que la comida que sirvieran entrara en mi escaso cuadro de alimentos comestibles, y que alguien me sacara a bailar algo que no fuera ni cumbia, ni salsa, ni música en español. Vanos sueños, vamos a ver. Nadie me quitaba el derecho a fantasear que vestida de largo yo parecía una versión mexicana de Renee Russo, aunque tuviera que ponerle relleno a... bueno, lo que necesitara relleno y se mantuviera en su sitio, claro, aunque la sola idea de aparecer con un peinado de esos esponjosos, esponjosos en realidad me ponía los pelos de punta, oh, sí.
A varias pachangas fui, primero de las amigas de mi hermanote, luego por algunas de las mías. Nunca pude, sin embargo, ir vestida estrenando ese modelito cuya parte superior en color crudo era de manga corta, con un cuello pequeñito y redondeado tipo camisa escolar -o de guardería, god- y alguno que otro aplique tipo encaje, con un gran cinturón oscuro y el cuerpo de tela a cuadros grandes, no escocesa, sino en tonos café. Si ya se acabaron las risitas, sigo.
Visto lo visto, empecé a perder las ganas con la misma rapidez con que descubrí que yo no quería una misa, me parecía falso y bastante hipócrita, y tampoco quería una fiesta donde no tocaran la música que me gusta y donde tuviera que entretener al personal haciendo como que sabía bailar un vals con un chico que seguramente, seguramente, tendría dos pies izquierdos. Nada de eso para mí. Además, mi entorno se volvió un aliado: mis hermanos andaban, respectivamente, haciéndola de comparsas para otras quinceañeras y pasando olímpicamente del tema, y mi papá tenía demasiadas cosas en la cabeza y una nula experiencia con pre-adolescentes del sexo femenino. En fin, que ni yo quería ni había nadie a mi alrededor que fomentara esa ilusión. Digamos que no se perdió nada, no tuve tiempo de sentir que me hacía falta... ante la oportunidad de ponerme ropa ajustada, bailar a The Animals, o Chicago o Billy Preston ¡de que no hubiera adultos en las rolas migajonas para las que ya se había instituido el siempre entrañable “Baile de cartón de cerveza”! Y como ya había entrado -con mis hermanos, claro- en la vorágine de las fiestas de secundaria cuyo objetivo principal era juntar dinero para la fiesta de graduación, mira, vi la mía: mis quince años fueron maravillosos, divertidísimos, en un reventón de miedo en casa de los Franco, allá en Lindavista, estrenando unos alucinantes ¡y altísimos! zapatos de tacón Canadá (¡Canadá, por las patas de mi cama!), bailando hasta que se acabó el permiso y dándome unos kikoretes -sí, bueno, y un poquitín, sólo poquitín más- con... ¡ah, casi se me escapa! Ese me pertenece, sorry, aunque sí diré que me regaló el disco “Bread Greatest Hits”, creo, y me lo dedicó como “de parte del héroe superplanetario”. Que cada quien saque sus conclusiones.
Así que si no hay novia fea, o eso dicen, definitivamente no hay quinceañera sin ilusión. Somos preciosas y perfectas, aunque el que nos gusta no nos haga ni caso y huyamos de los 'feos' como de las vacunas; aunque no nos den aquello por lo que suspiramos o nos emberrinchamos. No nos cambiaríamos por ninguna, y la emoción de llegar a ese día, y mejor aún, pasarlo y luego otro, y otro más... eso hace que valga la pena todo. Somos reinas por un día aún sin vestido, sin damas y chambelanes. Hemos traspasado una hermosa barrera que nos permite guardar a las barbies en el fondo del armario y luego sacarlas a escondidas; donde se conocen otros besos, otros dramas, nuevos secretos, donde el maquillaje adquiere una nueva dimensión y el resto de los bípedos se pasan a dividir entre los rucos y los chamaquitos. Las amigas serán más que especiales y poderosas, y los amigos, los amigos serán lo que una quiera que sean, qué chihuahuas.
¡Marianeta! ¡Te quiero mucho, muchachita! ¡Felices XV para ti! Ten un abrazo y un beso gigantes, cierra un momento los ojos y mírame bailando un rockandroll en tu honor. Óyeme aplaudiendo como una loca en tu día y cantándote las mañanitas con sabor a tu prima: japi-beibi-yu-yu, japi-beibi-yu-yu, japi-beibi-querida niña, japi-beibi-yu-yuuuuuuuu.
Aquí te llevo en mi corazón.
viernes, 9 de julio de 2010
dios y las iglesias. Tiempos.
Fueron varios tiempos.
Hubo uno, que no me consta pero que me imagino, cuando viviendo a oscuras dentro de la panza de mi amá es posible que se estuviera fraguando una gran devoción que se cristalizaría en... no, no habiendo nada seguro, mejor ni elucubrar. Pero de que le daba a mi amá el golpe de pecho, le daba. Porque ¡zas! me plantaron nombre de virgen. Aunque si mi apá hubiera participado en la elección, igual y hubiéramos terminado en los juzgados, habida cuenta de los nombres que había pensado para mis hermanos, y en los que afortunadamente tampoco pudo decir ni pío...
Y luego hubo otro tiempo, donde empecé a cumplir con lo que de mí se esperaba haciendo una primaria de excelentes calificaciones -sí, hasta sexto, claro, ahí se hizo de noche-, medallas y medallitas, bailes y bailecitos... y la revelación. Por partes, a ver: era un colegio de niñas dirigido por monjas donde casi todo me gustaba, desde el hoy infame uniforme tipo vestido de manga larga azul oscuro, con puños y cuello de plástico blanco y orilla roja, más una sedosa corbata -moño, más bien- rojo intenso; boina de gala, con calcetas blancas. Muy chulo me parecía. Y clases extrañas, por ejemplo la primera, a las 8 en punto, que normalmente era de religión pero por razones que no sabía entonces, a veces había que interrumpirla al poco rato, guardar los libros bajo el asiento y ponerse a cantar canciones. Me gustaba siempre estar de las primeras, y que mi máxima rival fuera además mi mejor amiga, Soraya; me gustaban las clases de educación física, y las barritas de galleta cubiertas de chocolate, a 25 centavos cada una, y que de una en una hasta cuatro me zampaba en los recreos (sí, me daban un pesote diario) ¿de dónde las sacarían? ¡nunca más las volví a probar!
Pues fue al entrar a segundo cuando me encuentro con cosas que cambiarían mis ideas, al menos por varios años, oiga usted: lo primero, que las monjas no eran todas mujeres inmensas y generosas de carnes, pues mi maestra se segundo era tan flaca como un chiflido; luego, que yo no sólo leía bien, sino entonada y con sentimiento; y tercero, que me dejaron cerca una Biblia: ¡era fascinante! Para ellas también, por lo visto, porque quedé nominada para iniciarme en su lectura, calculando en dos años concluirla con honores y fanfarrias. ¡Entonces dije que quería ser monja!
Si ya acabaron de carcajearse, sigo: pues eso, que de pronto y con 8 años ya cargaba yo con una importante candidatura, que por cierto conllevaba varios privilegios, deja me acuerdo: aparte de la medalla de religión a fin de año (qué ilusión), el quedar dispensada de varias clases para bajar a la sala de usos múltiples para la lectura (qué maravilla), asesorada además por el único varón que podía entrar en la escuela... un cura, claro.
Francamente no sé qué opinaba de eso mi amá -mi apá seguro que hubiera puesto el grito en el cielo, es que no sé-, porque nunca lo hablé con ella. Supongo que las monjas le daban cumplida cuenta de mis progresos, incluidas hojas y hojas copiadas con esa letra mía que a todo el mundo le encanta y que yo he luchado por años para quitármela de encima -hoy día sigo haciendo que parezca una mezcla de receta médica con caracteres asirios, gracias- con pasajes, mensajes o historias. Y nunca, eso sí, miraron mis ojitos castaños o escribieron mis huesudos dedos pasajes de violencia, muerte, asesinato, incesto, cobardía, mentira, fantasía, barbarie, xenofobia o abusos, que haberlos, haylos. Todo era bondad y buena onda, bondad y buena onda.
Y un buen día se acabó. La profe de educación física -de la que sólo recuerdo que tenía la más grande nariz que había visto en mi vida, excluyendo la propia-, me oyó comentarle a mi amiga las clases con el cura y fue de chismosa con las monjas. Éstas me interrogaron hasta el cansancio, y yo, con el miedo bien metido en el cuerpo, dije una mentira bien gorda, que por supuesto se tragaron. Otra vez, nunca lo hablé en casa. Pero no volví más a las clases de lectura de la Biblia.
Y no volví a coger una hasta después de ver 'La Profecía”, y nada más para constatar lo que del Apocalipsis dice. Otra decepción. Y sin embargo, sí tuve más medallas de religión, mira por dónde. Aquí las tengo, en mi baúl de bambú.
En pleno sexto de primaria, el día se hizo noche y diosito y sus relativos pasaron a formar parte del lado oscuro de mis pensamientos. Ya podían inyectarme los pasajes del libro, que yo los iba a exudar o a vomitar. Y en cuanto terminé la primaria y me metieron a una secundaria mixta y vi a los especímenes del otro sexo que caminaban por los pasillos o se sentaban en mi salón, el sólo pensamiento de que alguna vez quise cambiarlo todo para pasar al servicio de otro señor me daba escalofríos hasta el tuétano.
Tuve recaídas, por así decirlo. Hubo un tiempo, otro más, en que me vestía con el traje de la primera comunión y me iba a llevarle flores a la virgen allá en San Cayetano o en San Bartolo, con una chica, Gaby, que vivía en el edificio 81, creo, y de cuya cara ya ni me acuerdo; pero no le hallé ningún sentido excepto al hecho de que el vestido ya no me quedaba ni de ancho ni de largo... o cuando Herlinda, la inefable Herlinda que quería que la llamara mamá, me inscribió ¡como su hija en Cristo, por las patas de mi cama! en el CPP -que ni me acuerdo qué significa-, y el asqueroso, repelente, grasiento y maloliente ¿sacerdote? es que no lo recuerdo con sotana ni nada, pero sí al frente del tema y los dineros, claro, que pensó que podía encarrilarme ¡y lo mandé derechito y sin escalas a saludar a su progenitora! Pero cerca estuve, sí que lo estuve, sí que pensé que podía ocupar mi fe otra vez, a ver si encontraba algo que me explicara ese vacío que me acompañaba tanto. Al final decidí que ese vacío era hambre, y me puse a comer.
Mis creencias por ello pasaron a ser, dijéramos, un poco más firmes y algo más diferentes: creo en la medicina y el desempleo. En el tanque de gasolina lleno. En unos molletes con café y media hora de tacos de Neo. Creo que si la haces la pagas, y que si lo pagas es tuyo. En un buen concierto. A partir de 2006 creo en el Seguro Social y que aunque el perro es el mejor amigo del ser humano, como mi gato Suso no hay dos. En el deja vù. Creo en las pequeñas cosas: una pequeña mansión, una pequeña fortuna, un pequeño yate... Y aunque creo en el amor en todas sus acepciones, en todas las personas por las que lo siento y lo sienten hacía mí, también creo que si busco una mano amiga que me ayude, encontraré la primera, sí, pero al final de mi brazo.
Hubo uno, que no me consta pero que me imagino, cuando viviendo a oscuras dentro de la panza de mi amá es posible que se estuviera fraguando una gran devoción que se cristalizaría en... no, no habiendo nada seguro, mejor ni elucubrar. Pero de que le daba a mi amá el golpe de pecho, le daba. Porque ¡zas! me plantaron nombre de virgen. Aunque si mi apá hubiera participado en la elección, igual y hubiéramos terminado en los juzgados, habida cuenta de los nombres que había pensado para mis hermanos, y en los que afortunadamente tampoco pudo decir ni pío...
Y luego hubo otro tiempo, donde empecé a cumplir con lo que de mí se esperaba haciendo una primaria de excelentes calificaciones -sí, hasta sexto, claro, ahí se hizo de noche-, medallas y medallitas, bailes y bailecitos... y la revelación. Por partes, a ver: era un colegio de niñas dirigido por monjas donde casi todo me gustaba, desde el hoy infame uniforme tipo vestido de manga larga azul oscuro, con puños y cuello de plástico blanco y orilla roja, más una sedosa corbata -moño, más bien- rojo intenso; boina de gala, con calcetas blancas. Muy chulo me parecía. Y clases extrañas, por ejemplo la primera, a las 8 en punto, que normalmente era de religión pero por razones que no sabía entonces, a veces había que interrumpirla al poco rato, guardar los libros bajo el asiento y ponerse a cantar canciones. Me gustaba siempre estar de las primeras, y que mi máxima rival fuera además mi mejor amiga, Soraya; me gustaban las clases de educación física, y las barritas de galleta cubiertas de chocolate, a 25 centavos cada una, y que de una en una hasta cuatro me zampaba en los recreos (sí, me daban un pesote diario) ¿de dónde las sacarían? ¡nunca más las volví a probar!
Pues fue al entrar a segundo cuando me encuentro con cosas que cambiarían mis ideas, al menos por varios años, oiga usted: lo primero, que las monjas no eran todas mujeres inmensas y generosas de carnes, pues mi maestra se segundo era tan flaca como un chiflido; luego, que yo no sólo leía bien, sino entonada y con sentimiento; y tercero, que me dejaron cerca una Biblia: ¡era fascinante! Para ellas también, por lo visto, porque quedé nominada para iniciarme en su lectura, calculando en dos años concluirla con honores y fanfarrias. ¡Entonces dije que quería ser monja!
Si ya acabaron de carcajearse, sigo: pues eso, que de pronto y con 8 años ya cargaba yo con una importante candidatura, que por cierto conllevaba varios privilegios, deja me acuerdo: aparte de la medalla de religión a fin de año (qué ilusión), el quedar dispensada de varias clases para bajar a la sala de usos múltiples para la lectura (qué maravilla), asesorada además por el único varón que podía entrar en la escuela... un cura, claro.
Francamente no sé qué opinaba de eso mi amá -mi apá seguro que hubiera puesto el grito en el cielo, es que no sé-, porque nunca lo hablé con ella. Supongo que las monjas le daban cumplida cuenta de mis progresos, incluidas hojas y hojas copiadas con esa letra mía que a todo el mundo le encanta y que yo he luchado por años para quitármela de encima -hoy día sigo haciendo que parezca una mezcla de receta médica con caracteres asirios, gracias- con pasajes, mensajes o historias. Y nunca, eso sí, miraron mis ojitos castaños o escribieron mis huesudos dedos pasajes de violencia, muerte, asesinato, incesto, cobardía, mentira, fantasía, barbarie, xenofobia o abusos, que haberlos, haylos. Todo era bondad y buena onda, bondad y buena onda.
Y un buen día se acabó. La profe de educación física -de la que sólo recuerdo que tenía la más grande nariz que había visto en mi vida, excluyendo la propia-, me oyó comentarle a mi amiga las clases con el cura y fue de chismosa con las monjas. Éstas me interrogaron hasta el cansancio, y yo, con el miedo bien metido en el cuerpo, dije una mentira bien gorda, que por supuesto se tragaron. Otra vez, nunca lo hablé en casa. Pero no volví más a las clases de lectura de la Biblia.
Y no volví a coger una hasta después de ver 'La Profecía”, y nada más para constatar lo que del Apocalipsis dice. Otra decepción. Y sin embargo, sí tuve más medallas de religión, mira por dónde. Aquí las tengo, en mi baúl de bambú.
En pleno sexto de primaria, el día se hizo noche y diosito y sus relativos pasaron a formar parte del lado oscuro de mis pensamientos. Ya podían inyectarme los pasajes del libro, que yo los iba a exudar o a vomitar. Y en cuanto terminé la primaria y me metieron a una secundaria mixta y vi a los especímenes del otro sexo que caminaban por los pasillos o se sentaban en mi salón, el sólo pensamiento de que alguna vez quise cambiarlo todo para pasar al servicio de otro señor me daba escalofríos hasta el tuétano.
Tuve recaídas, por así decirlo. Hubo un tiempo, otro más, en que me vestía con el traje de la primera comunión y me iba a llevarle flores a la virgen allá en San Cayetano o en San Bartolo, con una chica, Gaby, que vivía en el edificio 81, creo, y de cuya cara ya ni me acuerdo; pero no le hallé ningún sentido excepto al hecho de que el vestido ya no me quedaba ni de ancho ni de largo... o cuando Herlinda, la inefable Herlinda que quería que la llamara mamá, me inscribió ¡como su hija en Cristo, por las patas de mi cama! en el CPP -que ni me acuerdo qué significa-, y el asqueroso, repelente, grasiento y maloliente ¿sacerdote? es que no lo recuerdo con sotana ni nada, pero sí al frente del tema y los dineros, claro, que pensó que podía encarrilarme ¡y lo mandé derechito y sin escalas a saludar a su progenitora! Pero cerca estuve, sí que lo estuve, sí que pensé que podía ocupar mi fe otra vez, a ver si encontraba algo que me explicara ese vacío que me acompañaba tanto. Al final decidí que ese vacío era hambre, y me puse a comer.
Mis creencias por ello pasaron a ser, dijéramos, un poco más firmes y algo más diferentes: creo en la medicina y el desempleo. En el tanque de gasolina lleno. En unos molletes con café y media hora de tacos de Neo. Creo que si la haces la pagas, y que si lo pagas es tuyo. En un buen concierto. A partir de 2006 creo en el Seguro Social y que aunque el perro es el mejor amigo del ser humano, como mi gato Suso no hay dos. En el deja vù. Creo en las pequeñas cosas: una pequeña mansión, una pequeña fortuna, un pequeño yate... Y aunque creo en el amor en todas sus acepciones, en todas las personas por las que lo siento y lo sienten hacía mí, también creo que si busco una mano amiga que me ayude, encontraré la primera, sí, pero al final de mi brazo.
viernes, 2 de julio de 2010
En el mar, la vida es más ¿sabrosa?
Hace mucho calor. Es seco, y cuando corre algún aire pareciera que alguien ha enchufado el secador de pelo más grande del mundo. Encima, yo llevo fatal el respirar aire caliente -por eso no soy fan de saunas y equipamientos de ese tipo-, por lo que dar un paseo, por pequeño que sea, resulta que me deja más cansada que una caminata, por la sencilla razón de que termino echando algo más que el bofe.
Así se pone España en verano, e igual por eso en los dos meses más calurosos el personal que trabaja se toma cualquiera de las cuatro quincenas (el jubilado se toma el mes ¡o los dos, oiga usted!), alista todo lo necesario y hasta lo que no y se lanza hacia alguna de las bonitas playas, la grandísima mayoría públicas, de por aquí. Porque aquí, amigos y vecinos, uno tiene que caminar desde el hotel, hostal, casa de huéspedes, apartamento, pisito alquilado, lujoso chalé o caravana, como mínimo una cuadra para tocar la arena. Nada de espacios privados y demarcados, donde si no traes la toalla del hotel vienen los guaruras y gentilmente te echan, no, no; si ya han visto alguna que otra foto de las playas chinas, bueno, aquí puede parecer algo así, un poco menos, pero también provoca la sensación de que todo el mundo ha decidido el mismo día y a la misma hora acercarse a 'darse un baño'.
Aquí te avisan en los noticieros (telediarios, olé) que las playas españolas tienen casi todas bandera azul, lo que las convierte en perfectas, y para las no tanto hay bandera negra -una que otra, sí; hoy mismo nos mostraron una hermosa cascada de aguas residuales -fecales, my godness- que lleva sólo 25 años cayendo cual hermosa cola de caballo al Mediterráneo ¿así o más bizarro?-. Con esto quiero decir que, aunque el mar ejerce una acción relajante, sedativa y tranquilizadora, para servidora en realidad es muy poquito de lo anterior, mezclado con respeto-miedo, y, me temo, ligero asquito.
He estado en hoteles maravillosos, donde las noches son frescas y por eso no hace falta poner el aire acondicionado, así que durante un buen rato -mientras está la tele prendida-, el sonido del mar acompaña mi pre-sueño. Luego, cuando ya llegó la hora de la meme total, bueno, le subo el volumen al aparato. Sorry, que por mucho que me relaje, al rato ya me tiene hasta el moño.
Y por mucho Titanic y sus híbridos que haya visto y/o leído, no puedo afirmar con rotundidad que por eso le tengo miedito al mar. A saber si mis breves y primerizas experiencias con el gigante ese tuvieron algo que ver, porque me temo que superficies de agua más grandes que una bañera llena ya me dan un poco de yuyu. Remontándonos al cretásico, mi apá nos llevaba en banda, tías incluidas, a los balnearios que estaban a la salida de... la salida de... no me acuerdo, creo que hacia CU, en fin, al Bahía. Eran varias albercas (piscinas, mary; piscinas) y las algunas fotos que alguien tiene y que no soy yo, revelan que mal no lo pasábamos ¡y que los trajes de baño eran totales! Veinte años después, todavía se (nos) burlábamos de mi atlética, estética y ridícula manera de nadar cual sirena, moviendo los brazos y caminando encogida por la parte menos honda, en fin. Pero no era éso. Un día me caí en una, me recuerdo mirando al fondo, sólo flotando, y luego a mi apá sacándome con un tirón que de milagro no me descoyuntó. Esa y otra ocasión en otra alberca, con mi carnalito al lado, donde de pronto perdí el piso y si no ha sido por un espontáneo, váyase usted a saber. Vamos, que desde entonces, creo y es casi seguro, necesito tocar fondo o no me meto. Tal cual.
Porque luego vi el mar. Tenía 15 años, edad inconcebible en este país europeo para conocer por primera vez esa parte del planeta, pero así fue.¡ Mi apá nos llevó a los tres a Acapulco! Nos hospedamos en un sitio pequeño, un hotelito, creo, emm, medio lejos de la orilla. Llegamos tarde y cansados, y al día siguiente, cuando ya nos habíamos alistado para la magna presentación oficial, resulta que el hermanito ya se había lanzado a pie a conocerlo y volvía asombrado, alucinado y todo lo relativo. Para mi primer encuentro pensé que sería más, cómo expresarlo, romántico e inolvidable, si me vestía como estrella de película, a saber entre mis cosas, pantalones de mezclilla arremangados, camisa de cuadros vaquera anudada arriba del ombligo y unas gafas oscuras, muy a la moda en ese momento, pero que hoy, cerrando los ojos y recordándolas, creo que eran onda Ray Charles y Stevie Wonder en concierto. Favor de fantasear conmigo: caminando descalza, despacio por la orilla, mirando la espuma revolotear entre mis pies, sintiendo el sol, atrapando todas las miradas...
Lo conseguí, pues. O casi todo. Es que me despisté y una ola traviesa, más bien terriblemente demoníaca murió por mis huesos y se apresuró a devorarme, revolcarme y medio triturarme, mientras mis gafas se perdían para siempre, mi sentido del ridículo aparecía con sensorround y mi orgullo quedaba más que pisoteado. Ya no sé si luego me dolió algo en el cuerpo, sólo sé que no quería acercarme ni a medio milímetro de algo que parecía tan infantil y luego resultó ser más peligroso que la bomba H. Eso, y las risas de mi familia. De modo que cuando después volví, al mismo sitio, sí, pero ahora de escapada con la banda de la escuela más mi hermanito, lo más que consentí fue hacerme una foto a su lado, en una roca donde al chocar el mar levantaba una cortina que daba un buen fondo. O con Aquél, cielos, en el mismo sitio, sí, tratando de enseñarme a nadar y yo tratando de que parara cuanto antes, cuanto antes; cuando una mañana mi hermanito salió mordido por un pez del tamaño de un dedo pero con el mordisco de una orca, nada, decidido: el mar para los osados. Me he subido a barcas, lanchas y catamaranes e incluso en una sublime ocasión pasé por un temazcal en Riviera Maya, con el colofón supuestamente fabuloso de salir corriendo como loca del iglú-horno donde hacen la ceremonia directa al mar. Ya se imaginarán: de un sauna directa al mar. Pues gracias a los dioses por el tequila (y no, no fue obligada, pero poca opción tenía: era mi trabajo).
Igual y por eso mi subconsciente y su primo se dedicaron a meterme en la cabeza una cantidad ingente de ideas y conceptos, que finalmente culminaron con mi personal moto respecto al mar: demasiados vivos y demasiados muertos, me explico, a ver: hay tiburones, ballenas y focas, miles de millones de peces ¡y muchísimos de sus antepasados que ahí pasaron a mejor vida! Hay barcos, cruceros, yates y lanchas a motor ¡aceite, gasolina, petroleo, metal! Orina, saliva y efluvios por cortesía de todos, Tom Hanks incluido, cenizas humanas, basura de todo tipo que encima mata animalitos... así que si entro, entro con muuucho tiento, y no puedo, sencillamente no puedo mojarme la cara. Agregar una total incapacidad para flotar y sí, es todo un show.
De manera que si este verano no hay playa para servidora, pues poco se habrá perdido, que en la piscina municipal, con su anuncio diario del ph además me avisa qué es lo que no me trago (¿¿??), pues a pasarla con ventilador manual -abanico, nena- y escondida en mi cueva-casa echándome agua fresca en spray. Que visto lo visto, para mediados de septiembre ya volvemos a la vida más o menos normal, destapándonos un poco menos.
Así se pone España en verano, e igual por eso en los dos meses más calurosos el personal que trabaja se toma cualquiera de las cuatro quincenas (el jubilado se toma el mes ¡o los dos, oiga usted!), alista todo lo necesario y hasta lo que no y se lanza hacia alguna de las bonitas playas, la grandísima mayoría públicas, de por aquí. Porque aquí, amigos y vecinos, uno tiene que caminar desde el hotel, hostal, casa de huéspedes, apartamento, pisito alquilado, lujoso chalé o caravana, como mínimo una cuadra para tocar la arena. Nada de espacios privados y demarcados, donde si no traes la toalla del hotel vienen los guaruras y gentilmente te echan, no, no; si ya han visto alguna que otra foto de las playas chinas, bueno, aquí puede parecer algo así, un poco menos, pero también provoca la sensación de que todo el mundo ha decidido el mismo día y a la misma hora acercarse a 'darse un baño'.
Aquí te avisan en los noticieros (telediarios, olé) que las playas españolas tienen casi todas bandera azul, lo que las convierte en perfectas, y para las no tanto hay bandera negra -una que otra, sí; hoy mismo nos mostraron una hermosa cascada de aguas residuales -fecales, my godness- que lleva sólo 25 años cayendo cual hermosa cola de caballo al Mediterráneo ¿así o más bizarro?-. Con esto quiero decir que, aunque el mar ejerce una acción relajante, sedativa y tranquilizadora, para servidora en realidad es muy poquito de lo anterior, mezclado con respeto-miedo, y, me temo, ligero asquito.
He estado en hoteles maravillosos, donde las noches son frescas y por eso no hace falta poner el aire acondicionado, así que durante un buen rato -mientras está la tele prendida-, el sonido del mar acompaña mi pre-sueño. Luego, cuando ya llegó la hora de la meme total, bueno, le subo el volumen al aparato. Sorry, que por mucho que me relaje, al rato ya me tiene hasta el moño.
Y por mucho Titanic y sus híbridos que haya visto y/o leído, no puedo afirmar con rotundidad que por eso le tengo miedito al mar. A saber si mis breves y primerizas experiencias con el gigante ese tuvieron algo que ver, porque me temo que superficies de agua más grandes que una bañera llena ya me dan un poco de yuyu. Remontándonos al cretásico, mi apá nos llevaba en banda, tías incluidas, a los balnearios que estaban a la salida de... la salida de... no me acuerdo, creo que hacia CU, en fin, al Bahía. Eran varias albercas (piscinas, mary; piscinas) y las algunas fotos que alguien tiene y que no soy yo, revelan que mal no lo pasábamos ¡y que los trajes de baño eran totales! Veinte años después, todavía se (nos) burlábamos de mi atlética, estética y ridícula manera de nadar cual sirena, moviendo los brazos y caminando encogida por la parte menos honda, en fin. Pero no era éso. Un día me caí en una, me recuerdo mirando al fondo, sólo flotando, y luego a mi apá sacándome con un tirón que de milagro no me descoyuntó. Esa y otra ocasión en otra alberca, con mi carnalito al lado, donde de pronto perdí el piso y si no ha sido por un espontáneo, váyase usted a saber. Vamos, que desde entonces, creo y es casi seguro, necesito tocar fondo o no me meto. Tal cual.
Porque luego vi el mar. Tenía 15 años, edad inconcebible en este país europeo para conocer por primera vez esa parte del planeta, pero así fue.¡ Mi apá nos llevó a los tres a Acapulco! Nos hospedamos en un sitio pequeño, un hotelito, creo, emm, medio lejos de la orilla. Llegamos tarde y cansados, y al día siguiente, cuando ya nos habíamos alistado para la magna presentación oficial, resulta que el hermanito ya se había lanzado a pie a conocerlo y volvía asombrado, alucinado y todo lo relativo. Para mi primer encuentro pensé que sería más, cómo expresarlo, romántico e inolvidable, si me vestía como estrella de película, a saber entre mis cosas, pantalones de mezclilla arremangados, camisa de cuadros vaquera anudada arriba del ombligo y unas gafas oscuras, muy a la moda en ese momento, pero que hoy, cerrando los ojos y recordándolas, creo que eran onda Ray Charles y Stevie Wonder en concierto. Favor de fantasear conmigo: caminando descalza, despacio por la orilla, mirando la espuma revolotear entre mis pies, sintiendo el sol, atrapando todas las miradas...
Lo conseguí, pues. O casi todo. Es que me despisté y una ola traviesa, más bien terriblemente demoníaca murió por mis huesos y se apresuró a devorarme, revolcarme y medio triturarme, mientras mis gafas se perdían para siempre, mi sentido del ridículo aparecía con sensorround y mi orgullo quedaba más que pisoteado. Ya no sé si luego me dolió algo en el cuerpo, sólo sé que no quería acercarme ni a medio milímetro de algo que parecía tan infantil y luego resultó ser más peligroso que la bomba H. Eso, y las risas de mi familia. De modo que cuando después volví, al mismo sitio, sí, pero ahora de escapada con la banda de la escuela más mi hermanito, lo más que consentí fue hacerme una foto a su lado, en una roca donde al chocar el mar levantaba una cortina que daba un buen fondo. O con Aquél, cielos, en el mismo sitio, sí, tratando de enseñarme a nadar y yo tratando de que parara cuanto antes, cuanto antes; cuando una mañana mi hermanito salió mordido por un pez del tamaño de un dedo pero con el mordisco de una orca, nada, decidido: el mar para los osados. Me he subido a barcas, lanchas y catamaranes e incluso en una sublime ocasión pasé por un temazcal en Riviera Maya, con el colofón supuestamente fabuloso de salir corriendo como loca del iglú-horno donde hacen la ceremonia directa al mar. Ya se imaginarán: de un sauna directa al mar. Pues gracias a los dioses por el tequila (y no, no fue obligada, pero poca opción tenía: era mi trabajo).
Igual y por eso mi subconsciente y su primo se dedicaron a meterme en la cabeza una cantidad ingente de ideas y conceptos, que finalmente culminaron con mi personal moto respecto al mar: demasiados vivos y demasiados muertos, me explico, a ver: hay tiburones, ballenas y focas, miles de millones de peces ¡y muchísimos de sus antepasados que ahí pasaron a mejor vida! Hay barcos, cruceros, yates y lanchas a motor ¡aceite, gasolina, petroleo, metal! Orina, saliva y efluvios por cortesía de todos, Tom Hanks incluido, cenizas humanas, basura de todo tipo que encima mata animalitos... así que si entro, entro con muuucho tiento, y no puedo, sencillamente no puedo mojarme la cara. Agregar una total incapacidad para flotar y sí, es todo un show.
De manera que si este verano no hay playa para servidora, pues poco se habrá perdido, que en la piscina municipal, con su anuncio diario del ph además me avisa qué es lo que no me trago (¿¿??), pues a pasarla con ventilador manual -abanico, nena- y escondida en mi cueva-casa echándome agua fresca en spray. Que visto lo visto, para mediados de septiembre ya volvemos a la vida más o menos normal, destapándonos un poco menos.
viernes, 25 de junio de 2010
Aquí y allá. ¡Hora de culturizarse!
Pues sí, mis queridos, visto lo visto, resulta que cada quien habla el idioma de donde nació, o de donde vive, o todo revuelto. Acaba de sucederse por estos lares el “Día del Español”, que luego me fue aclarado no era para celebrar a los compatriotas de mi primogénita y mi charro cantor, no, no, no, sino al idioma. El H. (no sé cuántas veces, la verdad) Instituto Cervantes hizo una movida a nivel mundial del mundo, es decir, en unos 40 países donde tienen delegación, para motivar y lanzar y relanzar y explicar y pedir y todo-junto-que-a-la-vez encuestar al personal para conocer ésa palabra especial que tanto gusta.
Las votaciones, hasta que dejé de interesarme en el tema, además de que su sistema se colapsó y san se acabó lo que se daba, iban bastante igualadas: resulta que las palabras más gustosas del idioma del Quijote y Mr. Panza (si es que encima del oro y la plata, ¡también les dimos el chocolate! Y ahora resulta que aquí está mucho más sabroso que allá, con la pena...), decía, las palabras más votadas fueron:
Fanfarrias del Tío Gamboín. Gracias.
A ver: Arrebañar, Cachivache, Gamusino, Infinito, Limón (¿limón??), República, Sueño, Tiquismiquis, Titipuchal y Tragaldabas. Así que citando a Quagmire (de Padre de Familia, cómo que no saben quién es): ¡Toma-toma-toma!!! ¡Buenísimas! ¡Todas! Hasta Limón, que todavía no me cuadra mucho qué hace ahí...
Y es que fijándose, aplicándose un poquito, existen palabras y “palabros” tan bellos, tan sentidos y llenos de sentido... como todo lo contrario. Y cada cultura los tiene y los aprovecha, y cuando se dan cuenta hasta las reales -y las no tanto- academias terminan por recogerlos: véase el caso de Homer Simpson, cuyo incomparable “¡Doh!” ya existe en los diccionarios gringos (o eso leí, es que no tengo ninguno en mi manita ahora mismo). Total que sin buscar mucho, sólo escuchando a la hija de mis desvelos al teléfono o a mi insuperable comentar algo en la tele, ya me encuentro con que la mitad de los modismos, coletillas y expresiones son registrados por mi mente, para luego intentar hallarles una interpretación acorde con mi Mexican Spanish... y a veces me sale. Pero otras, muchas, de plano tengo que preguntar.
A continuación se enlistan (ah, ¿verdad? pues así dicen aquí) algunas de las más usadas, para que el personal de ultramar se dé un quemón (ésto sí está claro, ¿no?). Y me van a perdonar bastante que empiece con el allá, es que así da más emoción la lista:
Allá (Mexicalpan de las Tunas): Aquí (las Españas, pues):
Si está chido, está padre : ¡Cómo mola! (del verbo molar, sí)
Y si está padrísimo: mola mazo (y también está de pu... madre)
Aunque aquí también se vomita : acá se pota (nada que ver con la RAE)
Y el chupe: es la priva.
Nos chupamos unas chelas: acá son birras.
Mas si traes una buena peda: has cogido una cogorza
No se habla por el celular: sino por el móvil
Allá los mandan a la cárcel: aquí los mandan al talego o al trullo
Echarse un faje de campeonato: es darse el lote.
Hacerlo todito: es echarse un polvo
Y conjugarlo, vulgo, coger: eso es follar (y en muchos casos, chingar)
Si exageras o te pasas: pues eso, te pasaste siete pueblos
Das un aventón: aquí no hay frase alguna que lo exprese, como no sea el soso “llevar a alguien”.
Si es mucho, un chingo de algo: es un mogollón
Sí, amiga, nos aliviamos y salimos
con hijo del hospital: acá los tenemos en el paritorio
Si eres, das, tienes mala suerte: se usa gafe -eres un gafe
Pero si es buena suerte: dicen ¡qué potra!
¡Quisquilloso! es un tiquismiquis
Si eres medio babas: también eres un tontolaba
Más que medio babas: un gilipuertas
Muy mucho: gilipollas
Porque el aparato seshual de ellos: sip, es la polla (ay, mi secundaria!!)
Si te das un buen golpe: un castañazo, una ostia
Un buen madrazo: es un ostión
Un zape: es una colleja
Si alucinas en colores: aquí flipas, con sus conjugaciones correspondientes
Y no, no te cachan : te pillan
Los que son como tus carnales : por acá les llaman troncos (y troncas, claro)
Y cuando está lleno, diríamos
que hasta la madre : aquí está petado (petao, que dicen los jóvenes)
Aquí las cosas no se descomponen, jamás, porque no saben qué es eso: las cosas se rompen. Y nada que no sea una batería se puede recargar, de modo que todos aquellos que buscamos ese hombro, esa pared, ese respaldo, pues, nos apoyamos, en fin. Aunque en Extremadura la conocen (igual y hasta vino de allí), si dices en el resto de España que algo está percudido, te miran como si hablaras en turco. Y sonreirán si dices que te vas a nadar a la alberca, que aquí son los lugares donde normalmente degustan sus comidas los cerdos. Se va a la piscina.
Y ya por ahora, troncos y troncas. La clase se pondría interminable y por lo mismo aburridísima. Y pienso que es un buen momento para poner un alto, esperar un poco y dejar que lo digieran todito. Eso, y el hecho de que me muero de hambre y me voy a comer.
¡Feliz Día (atrasado) del Español!
Las votaciones, hasta que dejé de interesarme en el tema, además de que su sistema se colapsó y san se acabó lo que se daba, iban bastante igualadas: resulta que las palabras más gustosas del idioma del Quijote y Mr. Panza (si es que encima del oro y la plata, ¡también les dimos el chocolate! Y ahora resulta que aquí está mucho más sabroso que allá, con la pena...), decía, las palabras más votadas fueron:
Fanfarrias del Tío Gamboín. Gracias.
A ver: Arrebañar, Cachivache, Gamusino, Infinito, Limón (¿limón??), República, Sueño, Tiquismiquis, Titipuchal y Tragaldabas. Así que citando a Quagmire (de Padre de Familia, cómo que no saben quién es): ¡Toma-toma-toma!!! ¡Buenísimas! ¡Todas! Hasta Limón, que todavía no me cuadra mucho qué hace ahí...
Y es que fijándose, aplicándose un poquito, existen palabras y “palabros” tan bellos, tan sentidos y llenos de sentido... como todo lo contrario. Y cada cultura los tiene y los aprovecha, y cuando se dan cuenta hasta las reales -y las no tanto- academias terminan por recogerlos: véase el caso de Homer Simpson, cuyo incomparable “¡Doh!” ya existe en los diccionarios gringos (o eso leí, es que no tengo ninguno en mi manita ahora mismo). Total que sin buscar mucho, sólo escuchando a la hija de mis desvelos al teléfono o a mi insuperable comentar algo en la tele, ya me encuentro con que la mitad de los modismos, coletillas y expresiones son registrados por mi mente, para luego intentar hallarles una interpretación acorde con mi Mexican Spanish... y a veces me sale. Pero otras, muchas, de plano tengo que preguntar.
A continuación se enlistan (ah, ¿verdad? pues así dicen aquí) algunas de las más usadas, para que el personal de ultramar se dé un quemón (ésto sí está claro, ¿no?). Y me van a perdonar bastante que empiece con el allá, es que así da más emoción la lista:
Allá (Mexicalpan de las Tunas): Aquí (las Españas, pues):
Si está chido, está padre : ¡Cómo mola! (del verbo molar, sí)
Y si está padrísimo: mola mazo (y también está de pu... madre)
Aunque aquí también se vomita : acá se pota (nada que ver con la RAE)
Y el chupe: es la priva.
Nos chupamos unas chelas: acá son birras.
Mas si traes una buena peda: has cogido una cogorza
No se habla por el celular: sino por el móvil
Allá los mandan a la cárcel: aquí los mandan al talego o al trullo
Echarse un faje de campeonato: es darse el lote.
Hacerlo todito: es echarse un polvo
Y conjugarlo, vulgo, coger: eso es follar (y en muchos casos, chingar)
Si exageras o te pasas: pues eso, te pasaste siete pueblos
Das un aventón: aquí no hay frase alguna que lo exprese, como no sea el soso “llevar a alguien”.
Si es mucho, un chingo de algo: es un mogollón
Sí, amiga, nos aliviamos y salimos
con hijo del hospital: acá los tenemos en el paritorio
Si eres, das, tienes mala suerte: se usa gafe -eres un gafe
Pero si es buena suerte: dicen ¡qué potra!
¡Quisquilloso! es un tiquismiquis
Si eres medio babas: también eres un tontolaba
Más que medio babas: un gilipuertas
Muy mucho: gilipollas
Porque el aparato seshual de ellos: sip, es la polla (ay, mi secundaria!!)
Si te das un buen golpe: un castañazo, una ostia
Un buen madrazo: es un ostión
Un zape: es una colleja
Si alucinas en colores: aquí flipas, con sus conjugaciones correspondientes
Y no, no te cachan : te pillan
Los que son como tus carnales : por acá les llaman troncos (y troncas, claro)
Y cuando está lleno, diríamos
que hasta la madre : aquí está petado (petao, que dicen los jóvenes)
Aquí las cosas no se descomponen, jamás, porque no saben qué es eso: las cosas se rompen. Y nada que no sea una batería se puede recargar, de modo que todos aquellos que buscamos ese hombro, esa pared, ese respaldo, pues, nos apoyamos, en fin. Aunque en Extremadura la conocen (igual y hasta vino de allí), si dices en el resto de España que algo está percudido, te miran como si hablaras en turco. Y sonreirán si dices que te vas a nadar a la alberca, que aquí son los lugares donde normalmente degustan sus comidas los cerdos. Se va a la piscina.
Y ya por ahora, troncos y troncas. La clase se pondría interminable y por lo mismo aburridísima. Y pienso que es un buen momento para poner un alto, esperar un poco y dejar que lo digieran todito. Eso, y el hecho de que me muero de hambre y me voy a comer.
¡Feliz Día (atrasado) del Español!
miércoles, 23 de junio de 2010
Ser o no ser scout... he ahí el dilema.
“Y somos los exploradores, y al-que-no-le-gusta-que-le-pongan-flores, y vamos en nuestro tú-tú, y vamos en nuestro tú-tú...” (Soldado Juan Garrison)
Erase una vez una niña flaca, más bien huesuda ella, larga como una i mayúscula aunque en realidad parecía una ele (que ya calzaba del 'patorce' desde muy temprana edad) y que ya estaba medio harta de no tener nada que la hiciera parecer como ésas, también flacas, que salían cada mes en las portadas de la Cosmo ¿por qué ellas lucían tan perfectas, estéticamente llenas de luz y belleza? ¿Por qué una parecía tabla de lavar cuando se miraba el torso, los cabellos como experimento del Profesor Chiflado y las clavículas unas jaboneras XX-L? ¿Es que nadie en el mundo cercano se sabía la dirección de Francesco Scavullo?
Yo era bonita, muy bonita para Jesús. Pero no contaba lo suficiente, porque su imparcialidad se veía obnubilada por lo mucho que me quería... Y yo no sé si era producto de esa necedad, pero me daba la sensación de que todas a mi alrededor se empezaban a desenrollar más rápido y más bonito que yo ¡era tan injusto! Agréguese a la ecuación, además, el ser hermana sándwich de dos hermanos cuya única misión en la vida, al menos para mí, se dividía entre ignorarme o hacerme ver la vida de cuadritos.
Ah, pero no iba por ahí la cosa. Resulta que a mis hermanos 'los medio hicieron' boy scouts. Y digo así porque mientras mi hermanote parecía disfrutar del tema, a mi hermanito no le hacía ni la menor gracia. Incluso no sé si esta parte oscura de la historia tendría autorización para ver la luz, así que mientras lo viriguo, ahí lo dejo. Es que encima, resultó que los mayores se la vivían en mi casa chacoteando y hablando horas con mi amá, ¡la querían un montón! Y ahí, emergiendo cual diosa venus, servidora, la hermanita, que era tratada como 'mi reinita' en general. ¿Qué más daba que fuera producto de mi corta edad, de mi interés y convencimiento de que lo que sucedía era que yo estaba, cómo decirlo, a su altura? Era como ser la mascota oficial de un montón de dioses -que sí, que seguramente lo era, pero del tipo oso de peluche-, y mientras me compraran helados, escucharan mis babosadas y se rieran de mis ideas ¡que yo me sentía mayor... y bien bonita! Era el planeta perfecto. Sería normal que la siguiente invitada a participar en el proyecto scout fuese yo ¡con Las Haditas, sí! Pero es que la sola idea de convivir sólo con niñas me daba un poco más que horror y flojera...
Sinceramente, ni me acuerdo cuánto tiempo fui o dónde eran las reuniones; digno de estudio es cómo la memoria selecciona sólo ciertas cosas, pues recuerdo perfectamente el día que me compraron la parafernalia inherente, probándome ropa toda la mañana, que si la gorrita -o como se llame- que si los pins -o como fueran-, que si la faldita -¿faldita? No, creo que no-; total que ya armada me lanzaron al centro del coliseo, haciéndome sentir exactamente como una gladiadora, que no como una guerrera, imagínate a esos pobres que saludaban al César antes de servir como merienda a los leones ¡qué poco me gustó! Para todo eran canciones sosas, como de kinder para mis oídos que ya escuchaban desde Julio Iglesias hasta The Fifth Dimension; o mi agilidad física, equiparable a mis ganas, es decir que no eran muchas, porque piernas largas siempre he tenido, pero elasticidad, lo que se dice elasticidad, de eso nada, monada... ¡que yo quería estar con los chicos! Y no porque ellos no treparan, corrieran e hicieran toda clase de juegos que se veían infinitamente más divertidos ¡sino por los guías, cielos!
Total que un día consiguen (ellas, claro, ellas) el permiso correspondiente para una acampada de dos o tres noches -para mí iban a parecer siglos- en los campos que Pemex tenía al lado de la unidad. Habían varias casas grandes, de esas que a nuestra edad pensamos que eran de los muy muy ricos, de entrada porque tenían jardín, y de salida porque tenían... ahora les cuento. Sí que había emoción, confieso, porque íbamos a dormir fuera de casa, muchas por primera vez en nuestra vida ¡yo lejos de mis torturadores! Pero también lejos de nuestras madres -eso sí apachurraba el corazón un poquito-, y sobre todo, porque íbamos a probar algo que la mayoría ni sabíamos que existiera: la posibilidad de ser independientes, en fin... Y allá te voy.
¿Emoción? ¿Interés? ¿Aventura? ¡Qué va! Todo fue muy bien los primeros... veinte minutos. Luego vino la ¿decepción? ¿vergüenza? ¿miedo puro y duro? a dormir sobre el pasto en casas de campaña, a no tener dónde lavarse, a comer frío o bien cocinado en hoguera. No me malinterpreten, yo no soy quisquillosa, para nada: ¡es que no tenía ni la más remota idea de lo que me esperaba!!! Sobre todo viendo las casas ahí, a 20 metros, con cocina, con camas, ¡con baño!
Bueno, sí soy medio quisquillosa. Sí. Sale.
Pero es que si hubieran visto las colas de niñas desesperadas por mear en un váter -colas para que nos dejaran ir a la casa, claro-, y el ridículo numerito final de ver que había que hacerlo ¡en un hoyo en el suelo! ¡tal cual! No conociendo en absoluto el archi reconocido sistema de la aguilita, una terminaba mojada de arriba abajo, todo eso sostenida por dos chicas que miraban hacia otro lado y luego se partían de risa allá lejitos... ¡si creo que hasta me estreñí del puro oso! O seguramente no comí nada, vamos a ver. Que aguanté porque me daba más vergüenza que me devolvieran antes a mi-a-500-metros-de-distancia casa. A fin de cuentas, lo que volvía, aparte del orgullo herido, era una bolsa llena de ropa mojada y nadie tendría que enterarse ¿no?
Que después de eso me despedí para siempre de las Haditas, me olvidé completamente de las Guías (categoría superior ¡lo que habrán hecho las criaturas!) y me dediqué a mis labores habituales, a saber, como muñeco de peluche de los Akelas, Balús y demás entes que formaban una más amable parte de mi universo. Siempre pensé que en algún remoto futuro ya tendría alguna oportunidad, cuando mis facultades faltasen por completo a su cita diaria, de poder disfrutar de una noche en el campo, en una bolsa de dormir, sin pensar en hormigas, grillos y otros bichos de dudosa reputación para servidora; de hacer mis tres comidas -o lo comestible que hubiera- en desechables, de mear en agujeros hechos a mano en la tierra...
… Pero va a ser que no. Si los dioses éso hubieran querido, no existirían los hoteles.
Pero de verdad, sólo soy un poquito quisquillosa. Un poquito. Y ya.
(La autora agradece el uso sin permiso de la inmensa rola que el Soldado Juan Garrison interpretaba con bailecito alucinante incluido, hasta que el Comandante Agallón Mafafas, Zorro del Desierto de los Leones, le atizaba un excelso y ruidoso zape en pleno casco.)
Erase una vez una niña flaca, más bien huesuda ella, larga como una i mayúscula aunque en realidad parecía una ele (que ya calzaba del 'patorce' desde muy temprana edad) y que ya estaba medio harta de no tener nada que la hiciera parecer como ésas, también flacas, que salían cada mes en las portadas de la Cosmo ¿por qué ellas lucían tan perfectas, estéticamente llenas de luz y belleza? ¿Por qué una parecía tabla de lavar cuando se miraba el torso, los cabellos como experimento del Profesor Chiflado y las clavículas unas jaboneras XX-L? ¿Es que nadie en el mundo cercano se sabía la dirección de Francesco Scavullo?
Yo era bonita, muy bonita para Jesús. Pero no contaba lo suficiente, porque su imparcialidad se veía obnubilada por lo mucho que me quería... Y yo no sé si era producto de esa necedad, pero me daba la sensación de que todas a mi alrededor se empezaban a desenrollar más rápido y más bonito que yo ¡era tan injusto! Agréguese a la ecuación, además, el ser hermana sándwich de dos hermanos cuya única misión en la vida, al menos para mí, se dividía entre ignorarme o hacerme ver la vida de cuadritos.
Ah, pero no iba por ahí la cosa. Resulta que a mis hermanos 'los medio hicieron' boy scouts. Y digo así porque mientras mi hermanote parecía disfrutar del tema, a mi hermanito no le hacía ni la menor gracia. Incluso no sé si esta parte oscura de la historia tendría autorización para ver la luz, así que mientras lo viriguo, ahí lo dejo. Es que encima, resultó que los mayores se la vivían en mi casa chacoteando y hablando horas con mi amá, ¡la querían un montón! Y ahí, emergiendo cual diosa venus, servidora, la hermanita, que era tratada como 'mi reinita' en general. ¿Qué más daba que fuera producto de mi corta edad, de mi interés y convencimiento de que lo que sucedía era que yo estaba, cómo decirlo, a su altura? Era como ser la mascota oficial de un montón de dioses -que sí, que seguramente lo era, pero del tipo oso de peluche-, y mientras me compraran helados, escucharan mis babosadas y se rieran de mis ideas ¡que yo me sentía mayor... y bien bonita! Era el planeta perfecto. Sería normal que la siguiente invitada a participar en el proyecto scout fuese yo ¡con Las Haditas, sí! Pero es que la sola idea de convivir sólo con niñas me daba un poco más que horror y flojera...
Sinceramente, ni me acuerdo cuánto tiempo fui o dónde eran las reuniones; digno de estudio es cómo la memoria selecciona sólo ciertas cosas, pues recuerdo perfectamente el día que me compraron la parafernalia inherente, probándome ropa toda la mañana, que si la gorrita -o como se llame- que si los pins -o como fueran-, que si la faldita -¿faldita? No, creo que no-; total que ya armada me lanzaron al centro del coliseo, haciéndome sentir exactamente como una gladiadora, que no como una guerrera, imagínate a esos pobres que saludaban al César antes de servir como merienda a los leones ¡qué poco me gustó! Para todo eran canciones sosas, como de kinder para mis oídos que ya escuchaban desde Julio Iglesias hasta The Fifth Dimension; o mi agilidad física, equiparable a mis ganas, es decir que no eran muchas, porque piernas largas siempre he tenido, pero elasticidad, lo que se dice elasticidad, de eso nada, monada... ¡que yo quería estar con los chicos! Y no porque ellos no treparan, corrieran e hicieran toda clase de juegos que se veían infinitamente más divertidos ¡sino por los guías, cielos!
Total que un día consiguen (ellas, claro, ellas) el permiso correspondiente para una acampada de dos o tres noches -para mí iban a parecer siglos- en los campos que Pemex tenía al lado de la unidad. Habían varias casas grandes, de esas que a nuestra edad pensamos que eran de los muy muy ricos, de entrada porque tenían jardín, y de salida porque tenían... ahora les cuento. Sí que había emoción, confieso, porque íbamos a dormir fuera de casa, muchas por primera vez en nuestra vida ¡yo lejos de mis torturadores! Pero también lejos de nuestras madres -eso sí apachurraba el corazón un poquito-, y sobre todo, porque íbamos a probar algo que la mayoría ni sabíamos que existiera: la posibilidad de ser independientes, en fin... Y allá te voy.
¿Emoción? ¿Interés? ¿Aventura? ¡Qué va! Todo fue muy bien los primeros... veinte minutos. Luego vino la ¿decepción? ¿vergüenza? ¿miedo puro y duro? a dormir sobre el pasto en casas de campaña, a no tener dónde lavarse, a comer frío o bien cocinado en hoguera. No me malinterpreten, yo no soy quisquillosa, para nada: ¡es que no tenía ni la más remota idea de lo que me esperaba!!! Sobre todo viendo las casas ahí, a 20 metros, con cocina, con camas, ¡con baño!
Bueno, sí soy medio quisquillosa. Sí. Sale.
Pero es que si hubieran visto las colas de niñas desesperadas por mear en un váter -colas para que nos dejaran ir a la casa, claro-, y el ridículo numerito final de ver que había que hacerlo ¡en un hoyo en el suelo! ¡tal cual! No conociendo en absoluto el archi reconocido sistema de la aguilita, una terminaba mojada de arriba abajo, todo eso sostenida por dos chicas que miraban hacia otro lado y luego se partían de risa allá lejitos... ¡si creo que hasta me estreñí del puro oso! O seguramente no comí nada, vamos a ver. Que aguanté porque me daba más vergüenza que me devolvieran antes a mi-a-500-metros-de-distancia casa. A fin de cuentas, lo que volvía, aparte del orgullo herido, era una bolsa llena de ropa mojada y nadie tendría que enterarse ¿no?
Que después de eso me despedí para siempre de las Haditas, me olvidé completamente de las Guías (categoría superior ¡lo que habrán hecho las criaturas!) y me dediqué a mis labores habituales, a saber, como muñeco de peluche de los Akelas, Balús y demás entes que formaban una más amable parte de mi universo. Siempre pensé que en algún remoto futuro ya tendría alguna oportunidad, cuando mis facultades faltasen por completo a su cita diaria, de poder disfrutar de una noche en el campo, en una bolsa de dormir, sin pensar en hormigas, grillos y otros bichos de dudosa reputación para servidora; de hacer mis tres comidas -o lo comestible que hubiera- en desechables, de mear en agujeros hechos a mano en la tierra...
… Pero va a ser que no. Si los dioses éso hubieran querido, no existirían los hoteles.
Pero de verdad, sólo soy un poquito quisquillosa. Un poquito. Y ya.
(La autora agradece el uso sin permiso de la inmensa rola que el Soldado Juan Garrison interpretaba con bailecito alucinante incluido, hasta que el Comandante Agallón Mafafas, Zorro del Desierto de los Leones, le atizaba un excelso y ruidoso zape en pleno casco.)
miércoles, 16 de junio de 2010
ENTREGA 3 RADIO PATITO DESDE LOS MADRILES. LA NECIA
Dentro de la gustada y siempre solicitada, además de patrocinada a juerzas por Youtube, sección La Necia, servidora ha decidido mezclar las dedicadas y las que nomás apetecen. ¿Por qué? Bueno, es obvio ¿no? Aquí programa servidora, elige servidora, presenta servidora... siendo todo lo que a servidora le da la gana. A nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer ¿no? ¿o qué, no tienen hijas adolescentes? Ah, ¿no? Bueno, pues hagan de cuenta que sí. Aunque a estas alturas de la película, la verdad es que cada vez son más jóvenes las generaciones decididas a demostrarnos lo desastrosos que somos, aunque hagamos nuestro mejor esfuerzo...
Eso no obsta para que conste que aquí se le seguirán dedicando rolas a la consabida y bienamada escuincla, hija de la madre que la parió y que a punto está de sorprendernos -u horrorizarnos- a través de las notas, osease calificaciones, con motivo de la terminación del curso escolar. Mientras se descubre si la consanguínea será premiada o castigada (se aceptan apuestas), le dedicamos una bonita rola de ésas del jurásico, pero que ella bien conoce y bien que le gusta ¡si es que hasta compramos la peli y la vimos juntas! ¡Oh, tiempos aquellos en que todavía nos sentábamos una al lado de la otra! 'Ora le huyo, confieso, porque cuando pone sus 'listas de reproducción, gracias', más o menos la mitad agreden a mis castos oídos y de la otra mitad no me entero de casi nada. Supongo que igualito que cuando le poníamos las nuestras al mapacín en el toca toca de pilas... En fin, moviendo las patitas, sea:
http://www.youtube.com/watch?v=nwBbMXYDsXw
¿Saben cuándo inicié mi hit parade? Para que se den una idea, la leche todavía venía en frascos de cristal... cielos. Resulta que poco me tardé en darme cuenta de que no eran necesariamente las canciones que más me gustaban -favor de recordar que no salíamos de La Pantera, Radio Éxitos y Radio Capital-, así que empezar a anotar las veces que las oía y montarme mis listas se hizo casi ipso facto. Y que lo inauguré transmitiendo desde mi cama, debajo de las cobijas y en voz bajita, con la novedad de que el máximo ganador de ese año -sepa la bola cuál, la verdad- el ganador absoluto fue este chicuelo, que además vine a descubrir su color de piel ¡hace menos de dos capítulos de telenovela, por las patas de mi cama! Vamos, que esta me autodedico:
http://www.youtube.com/watch?v=KzK1WwAiV9A
Muy aparte del hecho que esta es una rola que ha marcado toda mi vida -perdonando la cursilería ¡más aún!-. Una vez que la hayan comprobado, el domingo fue su cumpleaños ¡los mismos que yo ya quiero tener! Mira por dónde, jamás creí que diría eso, pero una tiene sus manías, será. Estuvo conmigo allá en Centro Cretásico de Humanidades, el C.C.H. pues, y formó parte de mi excelso, maravilloso, divertido, mágico y más que anárquico grupo de amigas. Mis amigas. Ella lloró conmigo cuando hablé de mi 'liberación' -está en otro capítulo, sorry-, y me hacía reír, mucho. Además, era la única capaz de hacerme bailar en cualquier hora, día y lugar del año esta rola, himno donde los haya del momento que vivíamos. Lo que éramos -o lo que soñábamos ser. Para la flaca Tony, mi reinita de Belén encapsulada, happy birthday, my darling dear:
http://www.youtube.com/watch?v=KzK1WwAiV9A
Algunos años luz después de que mi hermana carnala se despidiera -al menos de manera obvia- de las rolas migajonas y en español que escuchaba día y noche, resultó que compartíamos montones de temas (no temitas, entonces todavía no, HC) y uno de ellos es éste, ideal para bailecito de cartón de chela, efectivamente meloso y migajón pero integrante total y definitivo de esos locos ochentas, donde unas éramos quesque ya muy mayores mientras otras intentábamos no serlo, había de todo. Ya andaban rondando nani los porros, perdón, 'Nanny, ¡los porros!” y lejos estábamos de saber lo que la vida nos andaba guardando. Para tí, hermanita, y un poquito para mí:
http://www.youtube.com/watch?v=w-l5FyA3pgo
Aunque sé que nunca va a leer esto -no tendría ni modo de enterarse, ni creo que le interesara en lo más mínimo- en fin, de todas las maneras yo le recuerdo, y con mucho cariñito, además: siempre fue amable, discreto y divertido, además de un pedazo de guitarrista que siempre tenía la sonrisa por delante; el caso es que además le tengo en el baúl de los recuerdos por la sencilla razón de que jamás le vi bailar con nadie, nunca, en ningún antro ¡pero esa noche en Satélite Rocks se soltó el pelo y bailó! ¡Conmigo! O sea, nunca se sabrá si fue el efecto de las múltiples chelas que traía entre pecho y panza, o si de plano ya había superado la etiqueta de 'buen músico, dos pies izquierdos'. El caso es que me acuerdo como si fuera ayer, cosa que además supongo que sólo yo recuerdo pero ¡muy bonito, sí señor! Para Neto, onde quiera que le haya llevado su vida. Yo, desde los madriles se la mando:
http://www.youtube.com/watch?v=nTDRd0Z0O4o
Cuando los discos de 45 tenían portadas de papel y luego funda de plástico ¡recuerdo montones en mi casa! Y también recuerdo otros que sólo podía ver y a veces tentar en las tiendas, porque por más que le rogaba a mi amá que me los comprara ¡naranjas! Pues resulta que mi amiga de la secundaria, la inefable, única e incombustible tocaya, por orden de aparición, Granados para el personal, Lucero para los que la queríamos y la Guajo para los que también la querían pero les gustaba más éste... cojo aire, gracias: pues ella tenía en su casa, en la H. Progreso Nacional, la madre de todas las colonias peligrosas que conocería hasta la Casas Alemán (“allá matan”), ahí tenía este sencillo y lo poníamos una y otra vez, revelándose desde entonces algo de lo muy ecléctico que mi gusto andaba siendo, charros: ¡Cómo le rogué que me lo prestara! ¡Cuánto! Y siempre me mandó a volar -era más el terror a que su madre se diera cuenta que mis lágrimas de cocodrilo porque nomás no salía con él hacia mi casa-. Antes, como todo lo que tuviera que ver con crecer en serio, no lo entendía, me ofendía y me largaba con viento fresco. A la mañana siguiente, ya no aguantaba las ganas de verla y hablar hasta los codos de todo. Hace ya demasiado que no sé de ella, se fue a la costa a vivir de la artesanía y le perdí la pista... pero jamás la huella. Esa aquí está. La checan, si alucinan la cortan y cierran y luego se olvidan, momentáneamente, que hay que recordar que al mismo tiempo en casa se oía clásica, rock y de todo, prácticamente...
http://www.youtube.com/watch?v=iWVe3AB8OY8&feature=related
¿Se quieren imaginar a un grupo de mozas corriendo como locas hacia las teles en la oficina cada vez que empezaban los compases de esta rola? Hipnotizadas como fans de Menudo en la Plaza de Toros (¡No! ¡Que yo no! Me lo contaron ¡lo juro!) esperando el momento justo en que a John Taylor le diera por hacer ese giro de cabeza mirando directamente a la cámara. ¡Santísimo señor de los desarrapados y amigos que le acompañaron de copas! ¿Se podía ser más cursi? Bueno, sí... pero eso es capítulo aparte. Yo lo único que sé es que estábamos en el momento y lugar justos, y que las alegrías que nos daba MTV y su top 10 nos daban para ensoñar más que un buen rato. Comienza la cuenta atrás para recordar a la Baronesa de Portanova, Analú, Elsa Saavedra, el único ¡Jerry!, el maravilloso Samy; Bornnie my dear, my dearest!! Charko, tú también, los Trainor, Carito... allá vamos, pues. ¡Denme más nombres!
http://www.youtube.com/watch?v=oDnNF5cHCdo
Aquí y ahora me declaro coleccionista empedernida de la mágica “Notitas Musicales” ¡todas, durante años! Ahí me enteré de que ellos eran suecos; de los desmadres de Liza Minelli (¿¿??); de famosos y no tanto, en algunos casos memorables, de la letra ¿completa? y ¿bien escrita? de las canciones del momento en inglés -es que la gran mayoría estaban siempre de pena-. Acompañante obligatoria en la prepa. Muchos recuerdos. En fin, que lo que sigue es la rola tremendona por excelencia... por favor, por favor, traten de imaginarse a mi hermanito prendidísimo mientras la canta ¡y la baila! Yo se la dedico, a él y a todos los que ya se sintieron heavies desde entonces, qué chihuahuas:
http://www.youtube.com/watch?v=U2DBcbZc3ck
… que la salud ya nos está pasando factura a varios. Normal. Si los Tres Mosqueteros seguro que 20 años después ya no podían agarrar la espada más que con grúa, qué se puede esperar de especímenes como muchos de nosotros, dentro y alrededor del choubisnes, pardon my francais; a cambio, la vida tan buena, nos dejó imágenes con su mallas pegaditas, pegaditas, cantando alucinante ¡y encima era un buen personaje! Cayó rendido a los pies de mi amiguita, de aquella que aspiraba a la blanca mano de... uy, casi. Y ahora es un buen momento para dedicársela a ambos dos a la vez que simultáneamente. A ella que la quiero mucho, mucho; a él, porque le admiro mucho, y espero y confío que salga adelante:
http://www.youtube.com/watch?v=kItOnO3RPqk
Y ya. No hubo pausa para publicidad porque me encarreré como una loca, pero ya me tengo que ir. Cámaras y micrófonos ahora con nuestra amiga la gran tele de la sala, que nos deleitará un ratito con babosadas y anuncios, pero bien valen la pena después de un día de mucho trabajo. Besines electrónicos, hasta la que sigue.
Eso no obsta para que conste que aquí se le seguirán dedicando rolas a la consabida y bienamada escuincla, hija de la madre que la parió y que a punto está de sorprendernos -u horrorizarnos- a través de las notas, osease calificaciones, con motivo de la terminación del curso escolar. Mientras se descubre si la consanguínea será premiada o castigada (se aceptan apuestas), le dedicamos una bonita rola de ésas del jurásico, pero que ella bien conoce y bien que le gusta ¡si es que hasta compramos la peli y la vimos juntas! ¡Oh, tiempos aquellos en que todavía nos sentábamos una al lado de la otra! 'Ora le huyo, confieso, porque cuando pone sus 'listas de reproducción, gracias', más o menos la mitad agreden a mis castos oídos y de la otra mitad no me entero de casi nada. Supongo que igualito que cuando le poníamos las nuestras al mapacín en el toca toca de pilas... En fin, moviendo las patitas, sea:
http://www.youtube.com/watch?v=nwBbMXYDsXw
¿Saben cuándo inicié mi hit parade? Para que se den una idea, la leche todavía venía en frascos de cristal... cielos. Resulta que poco me tardé en darme cuenta de que no eran necesariamente las canciones que más me gustaban -favor de recordar que no salíamos de La Pantera, Radio Éxitos y Radio Capital-, así que empezar a anotar las veces que las oía y montarme mis listas se hizo casi ipso facto. Y que lo inauguré transmitiendo desde mi cama, debajo de las cobijas y en voz bajita, con la novedad de que el máximo ganador de ese año -sepa la bola cuál, la verdad- el ganador absoluto fue este chicuelo, que además vine a descubrir su color de piel ¡hace menos de dos capítulos de telenovela, por las patas de mi cama! Vamos, que esta me autodedico:
http://www.youtube.com/watch?v=KzK1WwAiV9A
Muy aparte del hecho que esta es una rola que ha marcado toda mi vida -perdonando la cursilería ¡más aún!-. Una vez que la hayan comprobado, el domingo fue su cumpleaños ¡los mismos que yo ya quiero tener! Mira por dónde, jamás creí que diría eso, pero una tiene sus manías, será. Estuvo conmigo allá en Centro Cretásico de Humanidades, el C.C.H. pues, y formó parte de mi excelso, maravilloso, divertido, mágico y más que anárquico grupo de amigas. Mis amigas. Ella lloró conmigo cuando hablé de mi 'liberación' -está en otro capítulo, sorry-, y me hacía reír, mucho. Además, era la única capaz de hacerme bailar en cualquier hora, día y lugar del año esta rola, himno donde los haya del momento que vivíamos. Lo que éramos -o lo que soñábamos ser. Para la flaca Tony, mi reinita de Belén encapsulada, happy birthday, my darling dear:
http://www.youtube.com/watch?v=KzK1WwAiV9A
Algunos años luz después de que mi hermana carnala se despidiera -al menos de manera obvia- de las rolas migajonas y en español que escuchaba día y noche, resultó que compartíamos montones de temas (no temitas, entonces todavía no, HC) y uno de ellos es éste, ideal para bailecito de cartón de chela, efectivamente meloso y migajón pero integrante total y definitivo de esos locos ochentas, donde unas éramos quesque ya muy mayores mientras otras intentábamos no serlo, había de todo. Ya andaban rondando nani los porros, perdón, 'Nanny, ¡los porros!” y lejos estábamos de saber lo que la vida nos andaba guardando. Para tí, hermanita, y un poquito para mí:
http://www.youtube.com/watch?v=w-l5FyA3pgo
Aunque sé que nunca va a leer esto -no tendría ni modo de enterarse, ni creo que le interesara en lo más mínimo- en fin, de todas las maneras yo le recuerdo, y con mucho cariñito, además: siempre fue amable, discreto y divertido, además de un pedazo de guitarrista que siempre tenía la sonrisa por delante; el caso es que además le tengo en el baúl de los recuerdos por la sencilla razón de que jamás le vi bailar con nadie, nunca, en ningún antro ¡pero esa noche en Satélite Rocks se soltó el pelo y bailó! ¡Conmigo! O sea, nunca se sabrá si fue el efecto de las múltiples chelas que traía entre pecho y panza, o si de plano ya había superado la etiqueta de 'buen músico, dos pies izquierdos'. El caso es que me acuerdo como si fuera ayer, cosa que además supongo que sólo yo recuerdo pero ¡muy bonito, sí señor! Para Neto, onde quiera que le haya llevado su vida. Yo, desde los madriles se la mando:
http://www.youtube.com/watch?v=nTDRd0Z0O4o
Cuando los discos de 45 tenían portadas de papel y luego funda de plástico ¡recuerdo montones en mi casa! Y también recuerdo otros que sólo podía ver y a veces tentar en las tiendas, porque por más que le rogaba a mi amá que me los comprara ¡naranjas! Pues resulta que mi amiga de la secundaria, la inefable, única e incombustible tocaya, por orden de aparición, Granados para el personal, Lucero para los que la queríamos y la Guajo para los que también la querían pero les gustaba más éste... cojo aire, gracias: pues ella tenía en su casa, en la H. Progreso Nacional, la madre de todas las colonias peligrosas que conocería hasta la Casas Alemán (“allá matan”), ahí tenía este sencillo y lo poníamos una y otra vez, revelándose desde entonces algo de lo muy ecléctico que mi gusto andaba siendo, charros: ¡Cómo le rogué que me lo prestara! ¡Cuánto! Y siempre me mandó a volar -era más el terror a que su madre se diera cuenta que mis lágrimas de cocodrilo porque nomás no salía con él hacia mi casa-. Antes, como todo lo que tuviera que ver con crecer en serio, no lo entendía, me ofendía y me largaba con viento fresco. A la mañana siguiente, ya no aguantaba las ganas de verla y hablar hasta los codos de todo. Hace ya demasiado que no sé de ella, se fue a la costa a vivir de la artesanía y le perdí la pista... pero jamás la huella. Esa aquí está. La checan, si alucinan la cortan y cierran y luego se olvidan, momentáneamente, que hay que recordar que al mismo tiempo en casa se oía clásica, rock y de todo, prácticamente...
http://www.youtube.com/watch?v=iWVe3AB8OY8&feature=related
¿Se quieren imaginar a un grupo de mozas corriendo como locas hacia las teles en la oficina cada vez que empezaban los compases de esta rola? Hipnotizadas como fans de Menudo en la Plaza de Toros (¡No! ¡Que yo no! Me lo contaron ¡lo juro!) esperando el momento justo en que a John Taylor le diera por hacer ese giro de cabeza mirando directamente a la cámara. ¡Santísimo señor de los desarrapados y amigos que le acompañaron de copas! ¿Se podía ser más cursi? Bueno, sí... pero eso es capítulo aparte. Yo lo único que sé es que estábamos en el momento y lugar justos, y que las alegrías que nos daba MTV y su top 10 nos daban para ensoñar más que un buen rato. Comienza la cuenta atrás para recordar a la Baronesa de Portanova, Analú, Elsa Saavedra, el único ¡Jerry!, el maravilloso Samy; Bornnie my dear, my dearest!! Charko, tú también, los Trainor, Carito... allá vamos, pues. ¡Denme más nombres!
http://www.youtube.com/watch?v=oDnNF5cHCdo
Aquí y ahora me declaro coleccionista empedernida de la mágica “Notitas Musicales” ¡todas, durante años! Ahí me enteré de que ellos eran suecos; de los desmadres de Liza Minelli (¿¿??); de famosos y no tanto, en algunos casos memorables, de la letra ¿completa? y ¿bien escrita? de las canciones del momento en inglés -es que la gran mayoría estaban siempre de pena-. Acompañante obligatoria en la prepa. Muchos recuerdos. En fin, que lo que sigue es la rola tremendona por excelencia... por favor, por favor, traten de imaginarse a mi hermanito prendidísimo mientras la canta ¡y la baila! Yo se la dedico, a él y a todos los que ya se sintieron heavies desde entonces, qué chihuahuas:
http://www.youtube.com/watch?v=U2DBcbZc3ck
… que la salud ya nos está pasando factura a varios. Normal. Si los Tres Mosqueteros seguro que 20 años después ya no podían agarrar la espada más que con grúa, qué se puede esperar de especímenes como muchos de nosotros, dentro y alrededor del choubisnes, pardon my francais; a cambio, la vida tan buena, nos dejó imágenes con su mallas pegaditas, pegaditas, cantando alucinante ¡y encima era un buen personaje! Cayó rendido a los pies de mi amiguita, de aquella que aspiraba a la blanca mano de... uy, casi. Y ahora es un buen momento para dedicársela a ambos dos a la vez que simultáneamente. A ella que la quiero mucho, mucho; a él, porque le admiro mucho, y espero y confío que salga adelante:
http://www.youtube.com/watch?v=kItOnO3RPqk
Y ya. No hubo pausa para publicidad porque me encarreré como una loca, pero ya me tengo que ir. Cámaras y micrófonos ahora con nuestra amiga la gran tele de la sala, que nos deleitará un ratito con babosadas y anuncios, pero bien valen la pena después de un día de mucho trabajo. Besines electrónicos, hasta la que sigue.
viernes, 11 de junio de 2010
De cómo una se vuelve posible
Tratando de explicar lo inexplicable.
Empezando la gloriosa década de los ochenta, la vida me trajo montones de regalos que incluirían, por ejemplo, la música que más me ha llenado, los empleos que más me han gustado, ¡hasta la ropa más increíble, vivan las hombreras monumentales que enmarcaban los angulosos finales de mi anatomía junto con las mini mini faldas, un metro largo de delgadas piernas para lucir! ...Ah, y a él.
Temiendo que la carga de cursilada en la última frase pudiera aplastar a todos los demás desvaríos que me van llegando en cascada, procedo a centrarme en los hechos nada más, igualito que cuando se discute lo del huevo y la gallina: si hubiera sido hija única; si mi hermanito no me hubiera invitado; si no me hubiera sentido atraída por el rock; si hubiera decidido no ser amable a pesar de lo gordo que me cayó que llegara tan, pero tan tarde a la cita... a saber qué condenado gallo me hubiera cantado.
Y es que tampoco sé que vio en mí. Y no porque servidora estuviera de malos veres, que no, que no: es que había no sólo un pequeño abismo de edades como inmenso de experiencias, además sucedía que justo en esa coyuntura él andaba rozando los cuernos de la luna -a nivel mediático-, y empezaba a avanzar hacia ese extraño y exótico estrellato de los que son reconocidos entre el personal y conocidos entre el resto de los mortales, como una mezcla de famosos y celebridades, no sé expresarlo mejor. El caso es que le gusté, y una vez que yo decidí que él a mí también me gustaba mucho, lo que empezó como romance de secundaria fue avanzando, luego madurando -y finalmente echándose a perder, justo como un tupper con albóndigas tras un par de semanas guardado en el refri- para luego formar parte de la historia y poco más.
Nosotros no teníamos nombres en clave, ni nos inventamos un lenguaje único para comunicarnos a solas o frente a otros. Las cosas se fueron dando con mucha naturalidad, si tomamos en cuenta que yo había salido medio atormentada de una relación más bien pinche y él, él, salía y entraba de ellas -con bodas incluidas- sin encontrar aún a esa media naranja, ésa que cuando aparece, o nos parece que aparece, nos voltea del revés y nos envía todo el tiempo señales de que ahora sí, ni más ni menos. ¿Por qué no pensar que podíamos serlo el uno para el otro? Uno de mis problemas era, en esos momentos, no parecer más boba de lo que andaba por sus huesos, como seguramente me veía en esos sábados en el Chopo: ¡es que lo recibían como a las aguas de mayo! Y en los antros, que empezaban a aparecer y que todos esperábamos que se hicieran legendarios, ¡pero funcionando! ah, en ese momento eran la opción para todos aquellos que sentían que (y tocaban como si) su música fuera la más avanzada, la más rompedora... Por eso también los ensayos en mi casa tenían un lado mágico que sólo yo entendía.
Le seguí, primero porque así lo quería, y segundo porque no se me ocurrió (después de meditarlo detenidamente... buah, es igual) ver que podría haber otra opción. Me rebelé contra lo que supuestamente me asfixiaba en la vida diaria, y sentí que había llegado la hora de dar un paso más grande. Y ahí te voy, al grito de viva la virgen, a según yo empezar una vida maravillosa, plena, increíble, divertida, interesante, aventurera, digna de envidia, total... para pasar a estamparme contra el muro invisible -pero igual de jodido- de que no estaba ni remotamente lista para hacer algo tan radical sin hacerle daño a él, a mis amados, a mí misma. Que no toda la culpa fue mía, aclaro; es más, soy absolutamente incapaz de dotarle de algún porcentaje, pero por mi lado, exclusivamente por mi lado, resultó que la persona que yo era de puertas adentro, literalmente, no era, digamos, algo muy aproximado a lo que debería complementar la vida de otra persona con ya, bueno, varios kilómetros recorridos más.
Si hubiera podido, si hubiera sabido, si me hubiera puesto a pensar dos minutos más en lugar de sólo cerrar los ojos, estirar la mano y, ala, a volverme la mujer de alguien, mira... seguro que sería una bicicleta. O sea, ni al caso. El decálogo de por qué no debió enamorarse de mi o yo de él comenzó a parecerse sospechosamente al Quijote -en cuanto a tamaño- y a la Biblia -en cuanto a desastres-. Si lo dijo mi admirado doctor House hace poquito: 'cualquier cosa puede ser cualquier cosa', lo cual más o menos significa que lo que parece que muy bien empieza, en realidad puede ir del cocol sin que te enteres. Como lanzarse de puenting pero sin ataduras, que la sensación en la caída es igual, la adrenalina surge igual, el problema viene cuando no rebotas y a la velocidad de la luz te estrellas contra lo que hay abajo, brrr.
Igual si me hubiera puesto firme para decirle a los ojos, por ejemplo, que me declaraba objetora de conciencia para hacer con gusto cualquier tarea de casa... es que ver una cama tendida me encanta y me seduce al día de hoy, lo que siempre he detestado es tener que hacerla con mis manitas. Que sólo cocinaba cuatro cosas, cuatro, y a veces mezcladas entre sí, además de considerar con total seriedad que los espaguetis eran la mejor comida del día, todos los días y en realidad a cualquier hora... además de que también le tenía terror a la condenada olla express; o que dormir representaba un importante porcentaje de mi vida diaria, pues era bien capaz de quedarme sope en cualquier postura, en cualquier lugar y hora; que amaba con locura las series yanquis, que tenía discos de Barry Manilow y de John Denver y de los Osmond ¡y los ponía mucho!; que me sentaba a ver los partidos del América y que había visto todas las peleas de Alí que televisaron; ¡que odiaba lavar la ropa a mano!; que los fines de semana, a menos que no quedara de otra, el uniforme oficial era la pijama; y que si el best seller era la atormentada vida de Joan Crawford, tarde se me hacía para atragantarme con él.
Y sin embargo me hizo posible. Él me hizo posible. A pesar de todos mis miedos y mis silencios yo lo miraba confiada, lo esperaba confiada y me lo devoraba confiada. Asumí que era normal aceptarme como un todo-incluido en hotel de playa de Ixtapa, puesto que él llenaba absolutamente todos mis sentidos. Craso error. Como no le podemos echar la culpa a mi signo zodiacal o al precio de las manzanas en Camberra, el resultado, tan previsible y a la vez tan poco esperado, es que me tuve que ir con mi música a otra parte, que eso no estaba saliendo bien. Y el encanto se rompió. Pero nunca el hechizo. En todo el tiempo a su lado se activaron sensaciones que yo no creía que existieran, y la sed siempre era saciada; todas eran ocasiones memorables, diario parecía el día de la fiesta de graduación, desde comprar un mueble para sus cientos de discos o escribir en su máquina de escribir los textos que me dictaba; cuando hicimos un open house, y como no teníamos mesa pusimos dos cajas de guitarras y un mantel... risas y besos y capítulos triple equis en sitios más bien insólitos e imposibles de relatar aquí por tratarse éste de un horario no apto, ¡ah, un fin de semana glo-rio-so en Acapulco, con bronca incluida! Mi cumpleaños, el suyo. Sus amigos, mis amigos -pero no nuestros amigos-; mis celos, nuestras decisiones con té y bicicleta. Y sí, efectivamente, amigos y vecinos, el dinero que no entraba ni por la puerta, con el natural resultado de que mucho de lo bonito, o sea casi todo, se escapaba si no por las ventanas, por el marco de la puerta o el elevador, que vivíamos en un séptimo piso.
Por dentro y por fuera me escocía no ver a casi todos los míos, la verdad, pero al principio estaba más que dispuesta a no negociar y sí a demostrar que lo que había hecho era lo correcto. Fantaseaba furiosamente con nuestra vida de ancianos, con hijos buenos e inteligentes, con perros y gatos y los consuegros llevándose de maravilla... cielos. Y mira: visto lo visto, sólo han sido distintas coyunturas. Por eso conjugo en reflexivo el verbo hacer posible, pues pasaron varios años, un montón, antes de que el 'ésto, también, pasará' -al más puro estilo peliculero de Julia Roberts-, al 'uf, aquí no ha pasado casi nada' (en Monterrey, por cierto, durante la gira de Rock en tu Idioma, digo, por si tenían curiosidad). Ahí me liberé y empecé a conocer más de geografía universal. Alemania, España... ¡que viva la madre que las parió!
Vendrán más, después.
Empezando la gloriosa década de los ochenta, la vida me trajo montones de regalos que incluirían, por ejemplo, la música que más me ha llenado, los empleos que más me han gustado, ¡hasta la ropa más increíble, vivan las hombreras monumentales que enmarcaban los angulosos finales de mi anatomía junto con las mini mini faldas, un metro largo de delgadas piernas para lucir! ...Ah, y a él.
Temiendo que la carga de cursilada en la última frase pudiera aplastar a todos los demás desvaríos que me van llegando en cascada, procedo a centrarme en los hechos nada más, igualito que cuando se discute lo del huevo y la gallina: si hubiera sido hija única; si mi hermanito no me hubiera invitado; si no me hubiera sentido atraída por el rock; si hubiera decidido no ser amable a pesar de lo gordo que me cayó que llegara tan, pero tan tarde a la cita... a saber qué condenado gallo me hubiera cantado.
Y es que tampoco sé que vio en mí. Y no porque servidora estuviera de malos veres, que no, que no: es que había no sólo un pequeño abismo de edades como inmenso de experiencias, además sucedía que justo en esa coyuntura él andaba rozando los cuernos de la luna -a nivel mediático-, y empezaba a avanzar hacia ese extraño y exótico estrellato de los que son reconocidos entre el personal y conocidos entre el resto de los mortales, como una mezcla de famosos y celebridades, no sé expresarlo mejor. El caso es que le gusté, y una vez que yo decidí que él a mí también me gustaba mucho, lo que empezó como romance de secundaria fue avanzando, luego madurando -y finalmente echándose a perder, justo como un tupper con albóndigas tras un par de semanas guardado en el refri- para luego formar parte de la historia y poco más.
Nosotros no teníamos nombres en clave, ni nos inventamos un lenguaje único para comunicarnos a solas o frente a otros. Las cosas se fueron dando con mucha naturalidad, si tomamos en cuenta que yo había salido medio atormentada de una relación más bien pinche y él, él, salía y entraba de ellas -con bodas incluidas- sin encontrar aún a esa media naranja, ésa que cuando aparece, o nos parece que aparece, nos voltea del revés y nos envía todo el tiempo señales de que ahora sí, ni más ni menos. ¿Por qué no pensar que podíamos serlo el uno para el otro? Uno de mis problemas era, en esos momentos, no parecer más boba de lo que andaba por sus huesos, como seguramente me veía en esos sábados en el Chopo: ¡es que lo recibían como a las aguas de mayo! Y en los antros, que empezaban a aparecer y que todos esperábamos que se hicieran legendarios, ¡pero funcionando! ah, en ese momento eran la opción para todos aquellos que sentían que (y tocaban como si) su música fuera la más avanzada, la más rompedora... Por eso también los ensayos en mi casa tenían un lado mágico que sólo yo entendía.
Le seguí, primero porque así lo quería, y segundo porque no se me ocurrió (después de meditarlo detenidamente... buah, es igual) ver que podría haber otra opción. Me rebelé contra lo que supuestamente me asfixiaba en la vida diaria, y sentí que había llegado la hora de dar un paso más grande. Y ahí te voy, al grito de viva la virgen, a según yo empezar una vida maravillosa, plena, increíble, divertida, interesante, aventurera, digna de envidia, total... para pasar a estamparme contra el muro invisible -pero igual de jodido- de que no estaba ni remotamente lista para hacer algo tan radical sin hacerle daño a él, a mis amados, a mí misma. Que no toda la culpa fue mía, aclaro; es más, soy absolutamente incapaz de dotarle de algún porcentaje, pero por mi lado, exclusivamente por mi lado, resultó que la persona que yo era de puertas adentro, literalmente, no era, digamos, algo muy aproximado a lo que debería complementar la vida de otra persona con ya, bueno, varios kilómetros recorridos más.
Si hubiera podido, si hubiera sabido, si me hubiera puesto a pensar dos minutos más en lugar de sólo cerrar los ojos, estirar la mano y, ala, a volverme la mujer de alguien, mira... seguro que sería una bicicleta. O sea, ni al caso. El decálogo de por qué no debió enamorarse de mi o yo de él comenzó a parecerse sospechosamente al Quijote -en cuanto a tamaño- y a la Biblia -en cuanto a desastres-. Si lo dijo mi admirado doctor House hace poquito: 'cualquier cosa puede ser cualquier cosa', lo cual más o menos significa que lo que parece que muy bien empieza, en realidad puede ir del cocol sin que te enteres. Como lanzarse de puenting pero sin ataduras, que la sensación en la caída es igual, la adrenalina surge igual, el problema viene cuando no rebotas y a la velocidad de la luz te estrellas contra lo que hay abajo, brrr.
Igual si me hubiera puesto firme para decirle a los ojos, por ejemplo, que me declaraba objetora de conciencia para hacer con gusto cualquier tarea de casa... es que ver una cama tendida me encanta y me seduce al día de hoy, lo que siempre he detestado es tener que hacerla con mis manitas. Que sólo cocinaba cuatro cosas, cuatro, y a veces mezcladas entre sí, además de considerar con total seriedad que los espaguetis eran la mejor comida del día, todos los días y en realidad a cualquier hora... además de que también le tenía terror a la condenada olla express; o que dormir representaba un importante porcentaje de mi vida diaria, pues era bien capaz de quedarme sope en cualquier postura, en cualquier lugar y hora; que amaba con locura las series yanquis, que tenía discos de Barry Manilow y de John Denver y de los Osmond ¡y los ponía mucho!; que me sentaba a ver los partidos del América y que había visto todas las peleas de Alí que televisaron; ¡que odiaba lavar la ropa a mano!; que los fines de semana, a menos que no quedara de otra, el uniforme oficial era la pijama; y que si el best seller era la atormentada vida de Joan Crawford, tarde se me hacía para atragantarme con él.
Y sin embargo me hizo posible. Él me hizo posible. A pesar de todos mis miedos y mis silencios yo lo miraba confiada, lo esperaba confiada y me lo devoraba confiada. Asumí que era normal aceptarme como un todo-incluido en hotel de playa de Ixtapa, puesto que él llenaba absolutamente todos mis sentidos. Craso error. Como no le podemos echar la culpa a mi signo zodiacal o al precio de las manzanas en Camberra, el resultado, tan previsible y a la vez tan poco esperado, es que me tuve que ir con mi música a otra parte, que eso no estaba saliendo bien. Y el encanto se rompió. Pero nunca el hechizo. En todo el tiempo a su lado se activaron sensaciones que yo no creía que existieran, y la sed siempre era saciada; todas eran ocasiones memorables, diario parecía el día de la fiesta de graduación, desde comprar un mueble para sus cientos de discos o escribir en su máquina de escribir los textos que me dictaba; cuando hicimos un open house, y como no teníamos mesa pusimos dos cajas de guitarras y un mantel... risas y besos y capítulos triple equis en sitios más bien insólitos e imposibles de relatar aquí por tratarse éste de un horario no apto, ¡ah, un fin de semana glo-rio-so en Acapulco, con bronca incluida! Mi cumpleaños, el suyo. Sus amigos, mis amigos -pero no nuestros amigos-; mis celos, nuestras decisiones con té y bicicleta. Y sí, efectivamente, amigos y vecinos, el dinero que no entraba ni por la puerta, con el natural resultado de que mucho de lo bonito, o sea casi todo, se escapaba si no por las ventanas, por el marco de la puerta o el elevador, que vivíamos en un séptimo piso.
Por dentro y por fuera me escocía no ver a casi todos los míos, la verdad, pero al principio estaba más que dispuesta a no negociar y sí a demostrar que lo que había hecho era lo correcto. Fantaseaba furiosamente con nuestra vida de ancianos, con hijos buenos e inteligentes, con perros y gatos y los consuegros llevándose de maravilla... cielos. Y mira: visto lo visto, sólo han sido distintas coyunturas. Por eso conjugo en reflexivo el verbo hacer posible, pues pasaron varios años, un montón, antes de que el 'ésto, también, pasará' -al más puro estilo peliculero de Julia Roberts-, al 'uf, aquí no ha pasado casi nada' (en Monterrey, por cierto, durante la gira de Rock en tu Idioma, digo, por si tenían curiosidad). Ahí me liberé y empecé a conocer más de geografía universal. Alemania, España... ¡que viva la madre que las parió!
Vendrán más, después.
domingo, 6 de junio de 2010
De escritores y escritos
La más-o-menos-más-bien-menos joven autora, que ni firmará ejemplares porque no existen, ni dará conferencia de prensa porque nadie la ha convocado, aceptará con humildad el premio recibido en nombre de todos aquellos humanos que en su día dijeron que serían escritores -sobre todo al espejo- y en resumidas cuentas lo más que han llegado a escribir son correos de queja porque las facturas llegaron mal especificadas, o cartas de amor tan migajonas que harían sonrojar de vergüenza por su redacción a las cenizas de Elizabeth Barret Browning... o desvaríos en un blog, viva la tecnología.
Siempre me ha gustado escribir, me he dejado arrastrar en directo y sin escalas a la emborrachante sensación de poder describir lo que se sentía o soñaba, y a la magia de que existan palabras precisas para cada cosa. Yo no entiendo muy mucho de métricas ni sistemas, y aunque me hubiera gustado en su momento hacerlo como una carrera, otras cosas ganaron más mi atención y por ello soy sólo, cómo diríamos, un alma libre que escribe de lo que le da la gana, más o menos como y cuando le da la gana. Y con suerte, además, porque muchos que lo leen lo entienden ¡a veces hasta les gusta! Al principio, llevaba diarios precisos y concisos sobre lo que acontecía en la secundaria, poniendo nombre y apellido, las más de las veces apodo, a los humanos con los que me cruzaba y con los que fantaseaba cruzarme. Leerlos y releerlos era imaginarse cómo diría el Capitán Kirk en situación: “Sr. Scott, teletranspórtenos”, y no consideraba necesario -y sí, igual y todavía me daba bastante vergüenza- que nadie más lo leyera o se enterara de lo que yo pensaba. Así que se fueron de mi vida, derechitos a la basura, el día que dejaron de ser privados...
Luego me dio por los blocks Scribe con portadas de perritos, gatitos y bebés... pegando fotos, comentadas por servidora, por supuesto, y las más de las veces convertidas en ecos de historias que me montaba a conveniencia y que precisamente por eso, por ser falsas, pasaron a vivir en el baúl de los recuerdos, que no a la basura... a veces cuando ando requiriendo un ataque de risa loca, paso y les doy una revisadita, qué les puedo yo decir...
Ya para entonces hacía pininos (mini pininos, reconozco) con pequeños cuentos de fantasmas, heroínas, espías y usando más o menos lo que dijeran las canciones disco del momento o una que otra serie de televisión. Se fueron acumulando en servilletas de papel, cuadernos de trabajo, hojas sueltas, sin orden ni concierto y en muchos casos, sin fecha. Una pena, si tomamos en cuenta el triste final que todo ese bagaje tuvo y que, como depresión post parto, provocó un agujero negro de bastantes respetables dimensiones: es que resulta que pocos años después entré a trabajar a un sitio donde no sólo tenía tiempo -y que quede claro, lo tenía porque hacía mi trabajo y luego me sobraban ratos, mientras llegaba la hora de ir por unos molletes al Vips con mi apá, de lunes a viernes-, y porque tenía privacidad ¡tenía mi propia oficina (un hueco grande en realidad ¡pero mío! Y me encantaba, oh, sí). Esto, claro está, antes de que hubieran computadoras en las oficinas, en las casas, ¡en los teléfonos! por las patas de mi cama. Yo tenía una máquina de escribir eléctrica ¡magia pura para mis rápidos dedos! Y con las mismas me puse a transcribir mis historias, todas las tardes-noches, guardándolas además en una carpeta que me habían regalado -o me había agenciado, para hablar con total honestidad- con motivo de la llegada al mercado musical de un tal Juan Luis Guerra...
Semanas. Muchas semanas. Montones de meses.
Hojas. Muchas hojas.
Y guardándolo todo en mi H. oficina ¿quién se iba a imaginar que ahí andaban viviendo mis memorias, mis ideas, mis paranoias y cuentitos, además de uno que otro intento de poesía erótica? Pues sucedió que un buen día, decidida a no tener que esperar hasta el lunes noche para poder seguir revisando y rellenando, pensé que podría hacerlo a mano en mi recámara. Así que aproveché que esa noche no tomaría mi pesera (¿o eran dos? se me escapa.) sino que iría en coche a otro sitio y cargué con la dichosa carpeta. ¿Resultado previsible? Para nada. ¿Fuerte tentación al destino? Sepa. ¿Craso error? Jamás lo sabré, ya para qué. El caso es que esa noche, terminado el evento y a punto de irnos a casa a dormir -o por molletes, igual-, descubrimos mi hermanito y servidora con horror que habían intentado robarse el coche, y que todo lo que había dentro, incluido en la cajuela, había volado. Nada más. Así se fue mi carpeta, silenciosa y sin despedirse, y seguramente que no ella, sino su contenido, sí debió terminar en el bote más cercano.
Que fue una alegría que no se llevaran el coche. Y dolió ver el hueco del toca-toca (¿lo había o mi calenturienta mente se lo ha imaginado?)... pero no imaginé que la sensación de no volver a ver todo lo que había escrito en años se manifestaría con una súbita, tremenda, increíble apatía de volver a plasmar en papel más nada, a partir de esa misma madrugada.
Meses. Años.
Como no fueran algunas cartas...
Dejó de ser en serio para mí. Dejó de importar. Me daba una como punzada donde se mezclaban un poquito de rabia y un pelín de impotencia, pero se iba tan rápido como llegaba. Era como final de capítulo de telenovela, sencillamente porque me dejaba picada pero luego, invariablemente, algo me atrapaba -el trabajo, el relajo- y me hacía dejar de pensar en eso hasta el siguiente pinchazo. Y se fueron haciendo más pequeños y más espaciados. Y yo seguía sin ganas de escribir. Ni siquiera me contemplé intentar recuperar algo de lo que había transcrito. Nada.
Hasta que volvió. Igual que la otra vez, un bonito día y sin avisar, simplemente empezó a fluir y tarde se me hacía para llenar otra vez servilletas y agendas y hojas sueltas y lo que se me atravesara ¡ah! Y poderlo teclear más tranquilamente en casa. Y como la vida sigue, pues sigue. Y por eso ésto que sigue es lo único rescatado -no sé si rescatable- de aquella carpeta de Juan Luis Guerra, y ha sobrevivido exclusivamente porque jamás se me ha olvidado, es el primer cuentito que escribí, váyase usted a saber pensando en qué -que ya era mega fan de Stephen King, pero tiene lo mismo que ver que el precio del café en Laos y la calidad de nuestra selección de futbol:
-Hola- me dijo, y al voltearme vi una masa nebulosa, entre gris y azul, que intentaba tomar la forma de una cara humana que no supe reconocer. Había fuerza y había dulzura a la vez.
-¿Quién eres? - le pregunté, más con curiosidad que con miedo.
-Soy un fantasma – contestó con una voz gutural que me caló hasta los huesos.
-Pero... los fantasmas no existen ¿o sí? -dije yo.
Hubo un largo silencio.
-Tienes razón – dijo la sombra, con un tono de inmensa tristeza.
Y desapareció.
Pues eso, ya está. Tenía poco más de 16 años y ni la menor idea de cómo escribir un cuento -a pesar de varias buenas notas en trabajos de literatura-, pero aunque sé que tuve una razón para escribirlo, la he olvidado por completo. Así que supongo que no era tan importante. Pero como aquí y ahora se pueden dejar las cosas para la posteridad posterior, pues nada, pongo mi granito de lo que sea y lo dejo aquí ¡para que conste en actas y porque no hay devolución si hay quejas! Que de la poesía erótica, por cierto, me acuerdo de renglones sueltos, una pena, igual y no hubieran estado tan mal...
Siempre me ha gustado escribir, me he dejado arrastrar en directo y sin escalas a la emborrachante sensación de poder describir lo que se sentía o soñaba, y a la magia de que existan palabras precisas para cada cosa. Yo no entiendo muy mucho de métricas ni sistemas, y aunque me hubiera gustado en su momento hacerlo como una carrera, otras cosas ganaron más mi atención y por ello soy sólo, cómo diríamos, un alma libre que escribe de lo que le da la gana, más o menos como y cuando le da la gana. Y con suerte, además, porque muchos que lo leen lo entienden ¡a veces hasta les gusta! Al principio, llevaba diarios precisos y concisos sobre lo que acontecía en la secundaria, poniendo nombre y apellido, las más de las veces apodo, a los humanos con los que me cruzaba y con los que fantaseaba cruzarme. Leerlos y releerlos era imaginarse cómo diría el Capitán Kirk en situación: “Sr. Scott, teletranspórtenos”, y no consideraba necesario -y sí, igual y todavía me daba bastante vergüenza- que nadie más lo leyera o se enterara de lo que yo pensaba. Así que se fueron de mi vida, derechitos a la basura, el día que dejaron de ser privados...
Luego me dio por los blocks Scribe con portadas de perritos, gatitos y bebés... pegando fotos, comentadas por servidora, por supuesto, y las más de las veces convertidas en ecos de historias que me montaba a conveniencia y que precisamente por eso, por ser falsas, pasaron a vivir en el baúl de los recuerdos, que no a la basura... a veces cuando ando requiriendo un ataque de risa loca, paso y les doy una revisadita, qué les puedo yo decir...
Ya para entonces hacía pininos (mini pininos, reconozco) con pequeños cuentos de fantasmas, heroínas, espías y usando más o menos lo que dijeran las canciones disco del momento o una que otra serie de televisión. Se fueron acumulando en servilletas de papel, cuadernos de trabajo, hojas sueltas, sin orden ni concierto y en muchos casos, sin fecha. Una pena, si tomamos en cuenta el triste final que todo ese bagaje tuvo y que, como depresión post parto, provocó un agujero negro de bastantes respetables dimensiones: es que resulta que pocos años después entré a trabajar a un sitio donde no sólo tenía tiempo -y que quede claro, lo tenía porque hacía mi trabajo y luego me sobraban ratos, mientras llegaba la hora de ir por unos molletes al Vips con mi apá, de lunes a viernes-, y porque tenía privacidad ¡tenía mi propia oficina (un hueco grande en realidad ¡pero mío! Y me encantaba, oh, sí). Esto, claro está, antes de que hubieran computadoras en las oficinas, en las casas, ¡en los teléfonos! por las patas de mi cama. Yo tenía una máquina de escribir eléctrica ¡magia pura para mis rápidos dedos! Y con las mismas me puse a transcribir mis historias, todas las tardes-noches, guardándolas además en una carpeta que me habían regalado -o me había agenciado, para hablar con total honestidad- con motivo de la llegada al mercado musical de un tal Juan Luis Guerra...
Semanas. Muchas semanas. Montones de meses.
Hojas. Muchas hojas.
Y guardándolo todo en mi H. oficina ¿quién se iba a imaginar que ahí andaban viviendo mis memorias, mis ideas, mis paranoias y cuentitos, además de uno que otro intento de poesía erótica? Pues sucedió que un buen día, decidida a no tener que esperar hasta el lunes noche para poder seguir revisando y rellenando, pensé que podría hacerlo a mano en mi recámara. Así que aproveché que esa noche no tomaría mi pesera (¿o eran dos? se me escapa.) sino que iría en coche a otro sitio y cargué con la dichosa carpeta. ¿Resultado previsible? Para nada. ¿Fuerte tentación al destino? Sepa. ¿Craso error? Jamás lo sabré, ya para qué. El caso es que esa noche, terminado el evento y a punto de irnos a casa a dormir -o por molletes, igual-, descubrimos mi hermanito y servidora con horror que habían intentado robarse el coche, y que todo lo que había dentro, incluido en la cajuela, había volado. Nada más. Así se fue mi carpeta, silenciosa y sin despedirse, y seguramente que no ella, sino su contenido, sí debió terminar en el bote más cercano.
Que fue una alegría que no se llevaran el coche. Y dolió ver el hueco del toca-toca (¿lo había o mi calenturienta mente se lo ha imaginado?)... pero no imaginé que la sensación de no volver a ver todo lo que había escrito en años se manifestaría con una súbita, tremenda, increíble apatía de volver a plasmar en papel más nada, a partir de esa misma madrugada.
Meses. Años.
Como no fueran algunas cartas...
Dejó de ser en serio para mí. Dejó de importar. Me daba una como punzada donde se mezclaban un poquito de rabia y un pelín de impotencia, pero se iba tan rápido como llegaba. Era como final de capítulo de telenovela, sencillamente porque me dejaba picada pero luego, invariablemente, algo me atrapaba -el trabajo, el relajo- y me hacía dejar de pensar en eso hasta el siguiente pinchazo. Y se fueron haciendo más pequeños y más espaciados. Y yo seguía sin ganas de escribir. Ni siquiera me contemplé intentar recuperar algo de lo que había transcrito. Nada.
Hasta que volvió. Igual que la otra vez, un bonito día y sin avisar, simplemente empezó a fluir y tarde se me hacía para llenar otra vez servilletas y agendas y hojas sueltas y lo que se me atravesara ¡ah! Y poderlo teclear más tranquilamente en casa. Y como la vida sigue, pues sigue. Y por eso ésto que sigue es lo único rescatado -no sé si rescatable- de aquella carpeta de Juan Luis Guerra, y ha sobrevivido exclusivamente porque jamás se me ha olvidado, es el primer cuentito que escribí, váyase usted a saber pensando en qué -que ya era mega fan de Stephen King, pero tiene lo mismo que ver que el precio del café en Laos y la calidad de nuestra selección de futbol:
-Hola- me dijo, y al voltearme vi una masa nebulosa, entre gris y azul, que intentaba tomar la forma de una cara humana que no supe reconocer. Había fuerza y había dulzura a la vez.
-¿Quién eres? - le pregunté, más con curiosidad que con miedo.
-Soy un fantasma – contestó con una voz gutural que me caló hasta los huesos.
-Pero... los fantasmas no existen ¿o sí? -dije yo.
Hubo un largo silencio.
-Tienes razón – dijo la sombra, con un tono de inmensa tristeza.
Y desapareció.
Pues eso, ya está. Tenía poco más de 16 años y ni la menor idea de cómo escribir un cuento -a pesar de varias buenas notas en trabajos de literatura-, pero aunque sé que tuve una razón para escribirlo, la he olvidado por completo. Así que supongo que no era tan importante. Pero como aquí y ahora se pueden dejar las cosas para la posteridad posterior, pues nada, pongo mi granito de lo que sea y lo dejo aquí ¡para que conste en actas y porque no hay devolución si hay quejas! Que de la poesía erótica, por cierto, me acuerdo de renglones sueltos, una pena, igual y no hubieran estado tan mal...
domingo, 30 de mayo de 2010
El gustado segundo programa de Lula-Radio Patito
Lula-radio patito, la única, la no-hay otra, la de aquí-sólo-mis-chicharrones-truenan, inicia otro envío de rolas sin ton ni son, exclusivamente para el deleite de los que no tengan otra cosa que hacer y se quieran enterar de lo que aquí se diga o se intuya. Transmitiendo nuevamente desde el sofá negro de mi sala, patrocinada a-wilson por YouTube y quien se deje y se pueda...
Así las cosas, amigos y vecinos, cerramos los ojos y gjw oiyurs lk dop kdlfjow j dkjglsa KKDSÑP
uy, mejor no los cerramos...
Decía: abrimos más la mente y nos trasladamos (con los ojos abiertos, si hay video que ver) para arrancar con la gustadísima y requete encantadora sección de rolas dedicadas a ti y a ti y a ti. Hoy, mis queridos, bajo la atenta y amable supervisión de mi insuperable charro que no se puede creer que me ponga yo a hurgar en el baúl de los recuerdos y no estornude por las telarañas, pérenme que respiro ante la falta de comas, inicio la andadura y le dedico esta canción a esa amiguita con quien la escuchaba en vinilo una y otra vez. Eran buenos tiempos, hablábamos con una ilusión loca del futuro. ¿Se acordará ella que empezó a trabajar un día en un banco, y en menos de una semana las cuentas ya no le cuadraban? ¡Qué susto pasamos, qué risa después! Es para Brenda, recién allegada a mi agenda después de haber estado extraviada de mi vida mucho, mucho tiempo:
http://www.youtube.com/watch?v=te1CVVlaJzA
Vamos ahora más para atrás. Un poquito. Bueno, bastante en realidad. Esta canción es para mi hermanito, porque la oíamos en la radio negra pequeñita en el baño de Lindavista. Porque aparte de ésta, sólo un par más hubo por la radio y nada más, una pena. Sinceramente, es una de las más grandes voces, personalmente la prefiero muy mucho a la de James Brown, por decir alguno ¡y Youtube la patrocina en vivo y en estudio, qué lujo!:
Bailemos, carnal.
http://www.youtube.com/watch?v=k1odvp-_bhk
http://www.youtube.com/watch?v=jvB3xKsiyvA&feature=related
En esa casa, que fue derrumbada quién sabe cuándo y ocupada hoy por una lujosa concesionaria, ahí viví una época de lo más movidita, laboral y personalmente. Viví el poder, sentí algo de poder, y también fui brutalmente aplastada por él. Pero también colaboré con gente alucinante, que me hacía las jornadas divertidas, y que además me permitieron disfrutar del cariño familiar. Este es un recuerdo especial para Samy, que además tuvo el detallazo de regalarme el cassette de este álbum ¡y que todavía lo tengo! Se la dedico porque siempre me la recuerda (este, la rola):
http://www.youtube.com/watch?v=epOBenUjIHw
Allá en el pleistoceno, cuando íbamos a la primaria, nuestra principal diversión era estar fuera de casa con los amigos, jugando Stop, escondidillas, voleyball, carreras, con la bici. Sí que teníamos tiempo y ganas para la televisión, pero en realidad no era tanto, y por eso cuando teníamos un favorito no había fuerza humana o divina que nos hiciera perder un capítulo. Y eso pasaba con este programa. Por eso se la dedico a Mago, que era una verdadera fan y contagiaba ese entusiasmo, mira que éramos unas enanas, pero ya bien devotas... y no sé si era por envidia a Bety o a Verónica ¡yo desde luego al bailecito!:
http://www.youtube.com/watch?v=mGL4btEIoTo
Aquí en los madriles tengo a mi muy favorita querida amiga, y ella es incondicional del Tigre de Gales, a ver ¿quién no? ¿ah, no? Bueno, pues peor para sus mercedes. ¡Es un rey, en toda la extensión de la palabra! Y por eso le dedico a esta criatura la rola que bailamos en su sala a cualquier hora, y que cantamos llorando como tontas mientras le veíamos en el Palacio de los Deportes, me temo que hace ya diez largos años:
http://www.youtube.com/watch?v=6KUJE2xs-RE
¡Hermanote, dos para ti! Una cortita y una más larga. La cortita la comparto fuertemente contigo -era parte de mis enfierecidos sueños de chamaca, y la otra porque por ti les conocí... ¿Cómo se llamaba ese disco con los tres en la portada, dibujados? Muy bueno ¿no?:
http://www.youtube.com/watch?v=rX0vOYwHj30
Esto viene del primer vinilo importado que compré en mi vida... y no era para mí, ya ven. Se la compré al charro del momento, porque me hacía una ilusión loca dárselo para su cumple, y eso no opacaba el hecho de que me gastaba nada menos que una quincena de mi sueldo (o que ganaba una mugre, bastante seguro: pero que los discos importados costaban una lanota, también). Vamos, que se lo di, me lo agradeció como él sabía y todo muy bien. Ya cumple otra vez años mesmamente, pero su regalo será bien otro:
http://www.youtube.com/watch?v=EdpwICKlZRY
Y ya para empezar a acabar la gustada sección de hoy, y hablando de mesmamente, mi hermanito y yo poníamos el disquito en el toca-toca Coro verde mi amá, portátil él, y cantábamos encima como si de verdad nos la supiéramos. Ella nos seguía como buenamente podía, reflejando desde entonces que las cosas son así, de frente y sin miedo porque si no no sabemos si saldrán. Ella es hermana no de sangre sino de alma, y forma parte de mi vida casi desde siempre, qué barbaridad, son un chorro de años ¡Mesmamente!:
http://www.youtube.com/watch?v=Cjv9d9fALuc
Que no me puedo ir sin ponerle una especial a mi hermana carnala, que afortunadamente para mí no se olvidó de Menudo y Camilo Sesto, sino que pasó a adherirse a la causa y escuchar esas canciones que tanto me gustan, gustándole mucho a ella también. Esta se la pongo porque me hace mucha gracia como la dice, y porque en una de esas ni siquiera ha visto el video. También porque la quiero mucho, oigan:
http://www.youtube.com/watch?v=Xbt30UnzRWw
Ay, acabo de oír que se murió Dennis Hopper, qué pena. Me viene a la cabeza mi apá contestando al clásico “¿De qué se murió?” : “Pos de tan malo que se vio”. Sí, ya lo sé, es como asombrarse de que todos los niños en Suecia hablan sueco, pero a mí me partía de risa... en fin. Aprovecho y le mando su rola semanal, procedente de la Pantera Radio 590 ¿de Radio Exitos? ¿o de Radio Capital?. Versión en vivo, gracias por preguntar.
http://www.youtube.com/watch?v=61U90Pqo-rU
Este es un homenaje al primer y único piñatazo que he recibido en mi vida, en una bonita fiesta nacional y en compañía de otro hermano de corazón. Un súper antro! Lejísimos, allá por la hermana república de ¿Ecatepec, creo? Sepa, pero me la he pasado de gloria, era todo demasiado nuevo para mí ¡pero me encantó! Y Mi amigo, Mi querido gordo, me regaló una noche loca, donde el colofón lo puso la piñata que, salida de ni se sabe donde, voló por los aires y me zampó un estruendoso pero nada peligroso trompazo en plena choya. Le dedico la canción más a propósito, porque la tocaban una y otra vez, como no:
http://www.youtube.com/watch?v=hy-huQAMPQA
Y ya. Más dedicatorías más adelante. Ahora llega el turno de la esperadísima sección “Pongo lo que me gusta y qué y qué”, o algo así, mira que lo importante es que la ubiquen y no que se acuerden del nombre, que eso ni yo. Hoy son poquitas, que no quiero agobiar al personal (es decir a mí misma). Primero, una diva, directa de Canadá y en primera clase, básicamente por los problemas que le traería viajar en turista, son, cómo dijéramos, grandes dimensiones con voz acorde:
http://www.youtube.com/watch?v=PJDrLVAjgd8
Ahora una rola migajona, qué creían. A estas alturas de la película, cuando pocas son las cosas almibaradas en la vida, hay que aprovecharlo, aunque el taco de ojo sea tan escaso para servidora. Hubieron sus muchos suspiros por John Taylor, pero que conste en actas que no era por desesperación.
http://www.youtube.com/watch?v=dDLiVwpv89s
Pego un brinco y llego sin pensar a... a... hace poco. Grupos como este tengo muchos en la discoteca mental: me encantan una o dos canciones, me gustan otras más, y el caso es que no controlo mucho, mea culpa, ni su historia ni su discografía. Esta, por ejemplo, habitará perennemente en mi toca toca:
http://www.youtube.com/watch?v=ic-Na--7_NI
Esta canción la bailaba en la sala de mi casa mientras Aquel hacía como que no me veía. Y como el aftershow no es apto para castos oídos, me limitaré a informar, además, que sigo sin encontrar una versión en vivo que valga la pena vocalmente ¡todas son horrorosas!, aún con Bobby Kimball. Y mención aparte es el hecho de que nunca los vi en concierto, buaa....
http://www.youtube.com/watch?v=aCca5mPMp9A
Y ésta, para terminar la jornada, está como dedicada y no. Se la dedico mentalmente a la Urtu porque se llama como ella y aunque no tenemos nada en común, pues me la recuerda ¡larga vida a su hermosa voz de mi amiguita!
http://www.youtube.com/watch?v=E3JgcnAswXE
Me voy. La próxima será ya más o menos ya saben cuándo, mis queridos. El verano parece que al fin llega, el calor empieza a ser seco y atolondrante, y mañana me espera una mañanita movida. Lula-Radio patito manda cámaras y micrófonos a la cama, donde se llevará a cabo una Cumbre entre el Rey Morfeo y servidora que durará, si Suso lo permite, unas 8 buenas horas.
Así las cosas, amigos y vecinos, cerramos los ojos y gjw oiyurs lk dop kdlfjow j dkjglsa KKDSÑP
uy, mejor no los cerramos...
Decía: abrimos más la mente y nos trasladamos (con los ojos abiertos, si hay video que ver) para arrancar con la gustadísima y requete encantadora sección de rolas dedicadas a ti y a ti y a ti. Hoy, mis queridos, bajo la atenta y amable supervisión de mi insuperable charro que no se puede creer que me ponga yo a hurgar en el baúl de los recuerdos y no estornude por las telarañas, pérenme que respiro ante la falta de comas, inicio la andadura y le dedico esta canción a esa amiguita con quien la escuchaba en vinilo una y otra vez. Eran buenos tiempos, hablábamos con una ilusión loca del futuro. ¿Se acordará ella que empezó a trabajar un día en un banco, y en menos de una semana las cuentas ya no le cuadraban? ¡Qué susto pasamos, qué risa después! Es para Brenda, recién allegada a mi agenda después de haber estado extraviada de mi vida mucho, mucho tiempo:
http://www.youtube.com/watch?v=te1CVVlaJzA
Vamos ahora más para atrás. Un poquito. Bueno, bastante en realidad. Esta canción es para mi hermanito, porque la oíamos en la radio negra pequeñita en el baño de Lindavista. Porque aparte de ésta, sólo un par más hubo por la radio y nada más, una pena. Sinceramente, es una de las más grandes voces, personalmente la prefiero muy mucho a la de James Brown, por decir alguno ¡y Youtube la patrocina en vivo y en estudio, qué lujo!:
Bailemos, carnal.
http://www.youtube.com/watch?v=k1odvp-_bhk
http://www.youtube.com/watch?v=jvB3xKsiyvA&feature=related
En esa casa, que fue derrumbada quién sabe cuándo y ocupada hoy por una lujosa concesionaria, ahí viví una época de lo más movidita, laboral y personalmente. Viví el poder, sentí algo de poder, y también fui brutalmente aplastada por él. Pero también colaboré con gente alucinante, que me hacía las jornadas divertidas, y que además me permitieron disfrutar del cariño familiar. Este es un recuerdo especial para Samy, que además tuvo el detallazo de regalarme el cassette de este álbum ¡y que todavía lo tengo! Se la dedico porque siempre me la recuerda (este, la rola):
http://www.youtube.com/watch?v=epOBenUjIHw
Allá en el pleistoceno, cuando íbamos a la primaria, nuestra principal diversión era estar fuera de casa con los amigos, jugando Stop, escondidillas, voleyball, carreras, con la bici. Sí que teníamos tiempo y ganas para la televisión, pero en realidad no era tanto, y por eso cuando teníamos un favorito no había fuerza humana o divina que nos hiciera perder un capítulo. Y eso pasaba con este programa. Por eso se la dedico a Mago, que era una verdadera fan y contagiaba ese entusiasmo, mira que éramos unas enanas, pero ya bien devotas... y no sé si era por envidia a Bety o a Verónica ¡yo desde luego al bailecito!:
http://www.youtube.com/watch?v=mGL4btEIoTo
Aquí en los madriles tengo a mi muy favorita querida amiga, y ella es incondicional del Tigre de Gales, a ver ¿quién no? ¿ah, no? Bueno, pues peor para sus mercedes. ¡Es un rey, en toda la extensión de la palabra! Y por eso le dedico a esta criatura la rola que bailamos en su sala a cualquier hora, y que cantamos llorando como tontas mientras le veíamos en el Palacio de los Deportes, me temo que hace ya diez largos años:
http://www.youtube.com/watch?v=6KUJE2xs-RE
¡Hermanote, dos para ti! Una cortita y una más larga. La cortita la comparto fuertemente contigo -era parte de mis enfierecidos sueños de chamaca, y la otra porque por ti les conocí... ¿Cómo se llamaba ese disco con los tres en la portada, dibujados? Muy bueno ¿no?:
http://www.youtube.com/watch?v=rX0vOYwHj30
Esto viene del primer vinilo importado que compré en mi vida... y no era para mí, ya ven. Se la compré al charro del momento, porque me hacía una ilusión loca dárselo para su cumple, y eso no opacaba el hecho de que me gastaba nada menos que una quincena de mi sueldo (o que ganaba una mugre, bastante seguro: pero que los discos importados costaban una lanota, también). Vamos, que se lo di, me lo agradeció como él sabía y todo muy bien. Ya cumple otra vez años mesmamente, pero su regalo será bien otro:
http://www.youtube.com/watch?v=EdpwICKlZRY
Y ya para empezar a acabar la gustada sección de hoy, y hablando de mesmamente, mi hermanito y yo poníamos el disquito en el toca-toca Coro verde mi amá, portátil él, y cantábamos encima como si de verdad nos la supiéramos. Ella nos seguía como buenamente podía, reflejando desde entonces que las cosas son así, de frente y sin miedo porque si no no sabemos si saldrán. Ella es hermana no de sangre sino de alma, y forma parte de mi vida casi desde siempre, qué barbaridad, son un chorro de años ¡Mesmamente!:
http://www.youtube.com/watch?v=Cjv9d9fALuc
Que no me puedo ir sin ponerle una especial a mi hermana carnala, que afortunadamente para mí no se olvidó de Menudo y Camilo Sesto, sino que pasó a adherirse a la causa y escuchar esas canciones que tanto me gustan, gustándole mucho a ella también. Esta se la pongo porque me hace mucha gracia como la dice, y porque en una de esas ni siquiera ha visto el video. También porque la quiero mucho, oigan:
http://www.youtube.com/watch?v=Xbt30UnzRWw
Ay, acabo de oír que se murió Dennis Hopper, qué pena. Me viene a la cabeza mi apá contestando al clásico “¿De qué se murió?” : “Pos de tan malo que se vio”. Sí, ya lo sé, es como asombrarse de que todos los niños en Suecia hablan sueco, pero a mí me partía de risa... en fin. Aprovecho y le mando su rola semanal, procedente de la Pantera Radio 590 ¿de Radio Exitos? ¿o de Radio Capital?. Versión en vivo, gracias por preguntar.
http://www.youtube.com/watch?v=61U90Pqo-rU
Este es un homenaje al primer y único piñatazo que he recibido en mi vida, en una bonita fiesta nacional y en compañía de otro hermano de corazón. Un súper antro! Lejísimos, allá por la hermana república de ¿Ecatepec, creo? Sepa, pero me la he pasado de gloria, era todo demasiado nuevo para mí ¡pero me encantó! Y Mi amigo, Mi querido gordo, me regaló una noche loca, donde el colofón lo puso la piñata que, salida de ni se sabe donde, voló por los aires y me zampó un estruendoso pero nada peligroso trompazo en plena choya. Le dedico la canción más a propósito, porque la tocaban una y otra vez, como no:
http://www.youtube.com/watch?v=hy-huQAMPQA
Y ya. Más dedicatorías más adelante. Ahora llega el turno de la esperadísima sección “Pongo lo que me gusta y qué y qué”, o algo así, mira que lo importante es que la ubiquen y no que se acuerden del nombre, que eso ni yo. Hoy son poquitas, que no quiero agobiar al personal (es decir a mí misma). Primero, una diva, directa de Canadá y en primera clase, básicamente por los problemas que le traería viajar en turista, son, cómo dijéramos, grandes dimensiones con voz acorde:
http://www.youtube.com/watch?v=PJDrLVAjgd8
Ahora una rola migajona, qué creían. A estas alturas de la película, cuando pocas son las cosas almibaradas en la vida, hay que aprovecharlo, aunque el taco de ojo sea tan escaso para servidora. Hubieron sus muchos suspiros por John Taylor, pero que conste en actas que no era por desesperación.
http://www.youtube.com/watch?v=dDLiVwpv89s
Pego un brinco y llego sin pensar a... a... hace poco. Grupos como este tengo muchos en la discoteca mental: me encantan una o dos canciones, me gustan otras más, y el caso es que no controlo mucho, mea culpa, ni su historia ni su discografía. Esta, por ejemplo, habitará perennemente en mi toca toca:
http://www.youtube.com/watch?v=ic-Na--7_NI
Esta canción la bailaba en la sala de mi casa mientras Aquel hacía como que no me veía. Y como el aftershow no es apto para castos oídos, me limitaré a informar, además, que sigo sin encontrar una versión en vivo que valga la pena vocalmente ¡todas son horrorosas!, aún con Bobby Kimball. Y mención aparte es el hecho de que nunca los vi en concierto, buaa....
http://www.youtube.com/watch?v=aCca5mPMp9A
Y ésta, para terminar la jornada, está como dedicada y no. Se la dedico mentalmente a la Urtu porque se llama como ella y aunque no tenemos nada en común, pues me la recuerda ¡larga vida a su hermosa voz de mi amiguita!
http://www.youtube.com/watch?v=E3JgcnAswXE
Me voy. La próxima será ya más o menos ya saben cuándo, mis queridos. El verano parece que al fin llega, el calor empieza a ser seco y atolondrante, y mañana me espera una mañanita movida. Lula-Radio patito manda cámaras y micrófonos a la cama, donde se llevará a cabo una Cumbre entre el Rey Morfeo y servidora que durará, si Suso lo permite, unas 8 buenas horas.
martes, 25 de mayo de 2010
Aquí y allá. Estaciones robadas y cosas del diario.
Primero, pido paciencia. Es difícil expresar en pocas palabras las experiencias tan, pero tan diferentes que se pueden vivir a tan ¿sólo? 5 mil kilómetros de mi siempre amada capital más poblada del mundo. Luego pido clemencia: es que cuando me arranco, ya me cuesta poco más de un ovario y dos mechones de pelo parar.
Los cambios bruscos de temperatura me provocan molestias, a ver: a veces me duele la cabeza, o me cae gordísimo el mundo, o simplemente me irrita la luz. Acostumbrada como estaba a pasar medio año de mi vida con calor en la mañana y lluvia por la tarde con el consiguiente fresquito, y el otro resto con menos calor, a veces algo de frío ¡pero sin lluvia casi! Bueno, no me parecía lo más cercano a un oasis hasta que tuve la oportunidad de comparar. Y mira por dónde, con el viejo mundo. A lo largo de muchos años, allá cuando acababa de aterrizar, España me parecía dividida en las provincias donde el agua no llegaba ni bailando danzas indias o sacando a los santitos en procesión, y sitios donde el verde de sus campos -y de sus billetes, los de antes- mostraban la bonanza de ser áreas donde la lluvia más bien dejaba un hueco para que saliera el sol. Nunca he entendido qué andaban haciendo por allá arriba los que luego fueron gallegos, por ejemplo. Si te fijas en la sección del tiempo de los telediarios -secciones, por cierto, que pueden ser líderes de audiencia en este país-, resulta que por allá muy al norte las lluvias duran más, caen más y son seguidas o acompañadas generalmente por nieve, chingos de nieve que, por dar un ejemplo en este año, han seguido cayendo ¡ya entrado mayo! O sea, ganas de sufrir, digo yo, porque si tienes que rogarle al altísimo que te mande unos días de sol para siquiera poder tender la ropa afuera, pues mal lo llevas.
Otras son provincias como Extremadura, al oeste, más secas que gaznate de Clinton durante su impeachment y donde la lluvia, bien católica ella, llegaba como de milagro. Ahí los veranos no son cálidos, son abrasadores, y los inviernos te calan hasta lo más profundo de los huesos. Por el estilo andaba Andalucía, al sur, que no les llovía ni yendo a bailar a Chalma y este último invierno, justamente, están ya tan pasados por agua que ya no saben si reír, llorar o rezar -ja, mentira, de cualquier manera rezarían. En Madrid sabías que a partir de primeros de octubre a taparse por el frío, y a partir de la segunda quincena de junio a destaparte; el caso es que el común denominador es, me parece, que ya no se aprecia tanto como antes la existencia de la primavera y el otoño. Si antes eran 30 días o así, hoy ya se pasa directamente de andar con abrigo y bufanda a sacar las chanclas y ponerse morada de helados; la conclusión es que aquí se han robado las estaciones, y como nos sigamos despistando, ya pronto nos sentiremos o viviendo en medio de un glaciar o viviendo en pleno Sahara (pronúnciese Sájara en por acá) ¡que está aquí abajito, oye!
Gracias a la santa patrona de las rebajas pre-temporada, una se puede mercar trapitos simples y sin complicaciones para pasar el verano... porque el calor es seco, así que se aparcan los pantalones de algo más que finísima tela, y todas las ventanas de las casas se abren de noche, que se cerrarán al día siguiente, tempranito en la mañana, para que la casa se quede lo más fresquita posible, bajando al completo las persianas y de ese modo durante más o menos dos meses, dentro de casa, vives como en una cueva. Con luz encendida la mayor parte del tiempo. Si a tu patio o terraza no le da el sol de mediodía ¡albricias! Puedes organizar 'barbacoas' con los cuates, pero ojo, que aquí le llaman barbacoa al aparato donde rostizas cosas, las más de las veces -eso sí, hablando en propia experiencia- son ni más ni menos que de... pescado. Con chorizos y eso, también, pero pescado: sardinitas y demás exóticos animalitos sin patas, o con tentáculos, o babosos y de color bien sospechoso. La verdad es que pena me da reconocer que siempre que recibo invitación pregunto, y si el menú viene del mar pues nada, parada técnica en el burguer King para luego llegar y zamparme todos los aperitivos y el pan...
Muchísimos españoles tienen casa chica... eh, no de ésa, sino segunda, me explico: aquí se trabaja por 14 pagas al año (extra en vacaciones de verano y en navidad), y se trabajan 11 meses por uno de descanso, que la gran mayoría divide en 15 días para el sol y 15 para santa claus y los reyes. Así que a muchos les merece la pena pagar en paralelo otra hipoteca para tener un departamentito, departamentito recalco, donde irse a pasar esas dos semanas de verano -y el resto del tiempo alquilarlo, si listos bien que son. Así que la gente que no tiene otra casa alquila una y así se hace el círculo. Además, cuando se jubilan ¡se van a pasar temporadas enteras, mira qué rico! En julio se vacían bastante las ciudades y se llenan las playas, y en agosto... bueno, lo raro es encontrar un puesto de periódicos abierto o una buena película en la tele. Si no sales, hasta ganas te dan de meterte a los museos y no por un súbito amor a la cultura y el arte, sino porque el aire acondicionado es maravilloso.
Las playas son topless, osease que con igual alegría se pueden ver a criaturas espectaculares, jóvenes y bien hechas... y a sus abuelitas, ambas enseñando la repisa. El show de los chicos es tan variado como divertido, porque los auténticos papacitos no se ven por ahí exhibiendo musculatura o torso de lavadero, y son en general tan babosos, tan, tan babosos, que realmente el taco de ojo ni vale tanto la pena. Supongo que los socorristas se salvan, porque además están ahí para que los veas ¿no? Y bueno, como en mi piscina municipal también lo tengo, pues ahí es que me doy el gustito de admirarlo.
¿Que si yo he hecho topless? Pues... no. Me temo que a pesar de lo que hay, me da vergüencita... Y este año, con esta crisis, dudo mucho que haya paseo por la playa. Mis cuñadísimos tienen un mini mini departamento en una playa de Valencia, pero está tan abarrotada de edificios de apartamentos que en verano tienes que caminar con silbato, avisando que ahí vas o esperando que nadie por favor te pise el cuerpo en su andadura hacia el mar. Y eso no me gusta mucho, ya veremos. Si pasa, cumplida cuenta daré de la experiencia. Además, algo me meto al mar, pero nada más algo. Perdón por tenerle más respeto y tirria que ganas... mi alocada cabeza se monta historias de barcos hundidos, pececitos cagando y muriendo, ¡humanos! Que no, que no, que aunque sigo defendiendo la teoría de que aunque el agua sea de uso tópico, el mar está ahí para navegarlo, para mirarlo, para oírlo y remojarse los pies. Que cada quien tiene sus fobias bien montadas.
Así que seguramente habrá que buscar algo qué hacer... aparte de trabajo. Vivir metida en casa en semi penumbra, con un aparato de aire fresco casi cargado en la espalda no suena a plan. Me sacaré el 'carné' de la piscina (si entendieron, ¿no?), que la abren el próximo sábado y acudiré todas las mañanas a nadar unos anchos -los largos nomás no son mi especialidad, ¡no llego!-; a tomar el sol y criticar al personal, incluidas las topless, qué chihuahuas. Así hasta finales de septiembre, si el clima lo permite, o hasta mi cumpleaños, si todo sale mejor. Si sale como dicen los que creen que saben, bueno, yo por si las moscas dejo colgado a mano mi abriguín... al lado de mi pareo.
Los cambios bruscos de temperatura me provocan molestias, a ver: a veces me duele la cabeza, o me cae gordísimo el mundo, o simplemente me irrita la luz. Acostumbrada como estaba a pasar medio año de mi vida con calor en la mañana y lluvia por la tarde con el consiguiente fresquito, y el otro resto con menos calor, a veces algo de frío ¡pero sin lluvia casi! Bueno, no me parecía lo más cercano a un oasis hasta que tuve la oportunidad de comparar. Y mira por dónde, con el viejo mundo. A lo largo de muchos años, allá cuando acababa de aterrizar, España me parecía dividida en las provincias donde el agua no llegaba ni bailando danzas indias o sacando a los santitos en procesión, y sitios donde el verde de sus campos -y de sus billetes, los de antes- mostraban la bonanza de ser áreas donde la lluvia más bien dejaba un hueco para que saliera el sol. Nunca he entendido qué andaban haciendo por allá arriba los que luego fueron gallegos, por ejemplo. Si te fijas en la sección del tiempo de los telediarios -secciones, por cierto, que pueden ser líderes de audiencia en este país-, resulta que por allá muy al norte las lluvias duran más, caen más y son seguidas o acompañadas generalmente por nieve, chingos de nieve que, por dar un ejemplo en este año, han seguido cayendo ¡ya entrado mayo! O sea, ganas de sufrir, digo yo, porque si tienes que rogarle al altísimo que te mande unos días de sol para siquiera poder tender la ropa afuera, pues mal lo llevas.
Otras son provincias como Extremadura, al oeste, más secas que gaznate de Clinton durante su impeachment y donde la lluvia, bien católica ella, llegaba como de milagro. Ahí los veranos no son cálidos, son abrasadores, y los inviernos te calan hasta lo más profundo de los huesos. Por el estilo andaba Andalucía, al sur, que no les llovía ni yendo a bailar a Chalma y este último invierno, justamente, están ya tan pasados por agua que ya no saben si reír, llorar o rezar -ja, mentira, de cualquier manera rezarían. En Madrid sabías que a partir de primeros de octubre a taparse por el frío, y a partir de la segunda quincena de junio a destaparte; el caso es que el común denominador es, me parece, que ya no se aprecia tanto como antes la existencia de la primavera y el otoño. Si antes eran 30 días o así, hoy ya se pasa directamente de andar con abrigo y bufanda a sacar las chanclas y ponerse morada de helados; la conclusión es que aquí se han robado las estaciones, y como nos sigamos despistando, ya pronto nos sentiremos o viviendo en medio de un glaciar o viviendo en pleno Sahara (pronúnciese Sájara en por acá) ¡que está aquí abajito, oye!
Gracias a la santa patrona de las rebajas pre-temporada, una se puede mercar trapitos simples y sin complicaciones para pasar el verano... porque el calor es seco, así que se aparcan los pantalones de algo más que finísima tela, y todas las ventanas de las casas se abren de noche, que se cerrarán al día siguiente, tempranito en la mañana, para que la casa se quede lo más fresquita posible, bajando al completo las persianas y de ese modo durante más o menos dos meses, dentro de casa, vives como en una cueva. Con luz encendida la mayor parte del tiempo. Si a tu patio o terraza no le da el sol de mediodía ¡albricias! Puedes organizar 'barbacoas' con los cuates, pero ojo, que aquí le llaman barbacoa al aparato donde rostizas cosas, las más de las veces -eso sí, hablando en propia experiencia- son ni más ni menos que de... pescado. Con chorizos y eso, también, pero pescado: sardinitas y demás exóticos animalitos sin patas, o con tentáculos, o babosos y de color bien sospechoso. La verdad es que pena me da reconocer que siempre que recibo invitación pregunto, y si el menú viene del mar pues nada, parada técnica en el burguer King para luego llegar y zamparme todos los aperitivos y el pan...
Muchísimos españoles tienen casa chica... eh, no de ésa, sino segunda, me explico: aquí se trabaja por 14 pagas al año (extra en vacaciones de verano y en navidad), y se trabajan 11 meses por uno de descanso, que la gran mayoría divide en 15 días para el sol y 15 para santa claus y los reyes. Así que a muchos les merece la pena pagar en paralelo otra hipoteca para tener un departamentito, departamentito recalco, donde irse a pasar esas dos semanas de verano -y el resto del tiempo alquilarlo, si listos bien que son. Así que la gente que no tiene otra casa alquila una y así se hace el círculo. Además, cuando se jubilan ¡se van a pasar temporadas enteras, mira qué rico! En julio se vacían bastante las ciudades y se llenan las playas, y en agosto... bueno, lo raro es encontrar un puesto de periódicos abierto o una buena película en la tele. Si no sales, hasta ganas te dan de meterte a los museos y no por un súbito amor a la cultura y el arte, sino porque el aire acondicionado es maravilloso.
Las playas son topless, osease que con igual alegría se pueden ver a criaturas espectaculares, jóvenes y bien hechas... y a sus abuelitas, ambas enseñando la repisa. El show de los chicos es tan variado como divertido, porque los auténticos papacitos no se ven por ahí exhibiendo musculatura o torso de lavadero, y son en general tan babosos, tan, tan babosos, que realmente el taco de ojo ni vale tanto la pena. Supongo que los socorristas se salvan, porque además están ahí para que los veas ¿no? Y bueno, como en mi piscina municipal también lo tengo, pues ahí es que me doy el gustito de admirarlo.
¿Que si yo he hecho topless? Pues... no. Me temo que a pesar de lo que hay, me da vergüencita... Y este año, con esta crisis, dudo mucho que haya paseo por la playa. Mis cuñadísimos tienen un mini mini departamento en una playa de Valencia, pero está tan abarrotada de edificios de apartamentos que en verano tienes que caminar con silbato, avisando que ahí vas o esperando que nadie por favor te pise el cuerpo en su andadura hacia el mar. Y eso no me gusta mucho, ya veremos. Si pasa, cumplida cuenta daré de la experiencia. Además, algo me meto al mar, pero nada más algo. Perdón por tenerle más respeto y tirria que ganas... mi alocada cabeza se monta historias de barcos hundidos, pececitos cagando y muriendo, ¡humanos! Que no, que no, que aunque sigo defendiendo la teoría de que aunque el agua sea de uso tópico, el mar está ahí para navegarlo, para mirarlo, para oírlo y remojarse los pies. Que cada quien tiene sus fobias bien montadas.
Así que seguramente habrá que buscar algo qué hacer... aparte de trabajo. Vivir metida en casa en semi penumbra, con un aparato de aire fresco casi cargado en la espalda no suena a plan. Me sacaré el 'carné' de la piscina (si entendieron, ¿no?), que la abren el próximo sábado y acudiré todas las mañanas a nadar unos anchos -los largos nomás no son mi especialidad, ¡no llego!-; a tomar el sol y criticar al personal, incluidas las topless, qué chihuahuas. Así hasta finales de septiembre, si el clima lo permite, o hasta mi cumpleaños, si todo sale mejor. Si sale como dicen los que creen que saben, bueno, yo por si las moscas dejo colgado a mano mi abriguín... al lado de mi pareo.
lunes, 17 de mayo de 2010
Emisión piloto. Música de mi ¿vida?
¡Bienvenidos a la noche de lula-Radio Patito, emisora líder en lectura monoaural (vamos, que hasta ahora sólo la ha leído-visto una), una estación más de Radio Desvaríos por la Red en pleno año 2010... que la vida sigue! Patrocinado en gran parte -aunque no quiera, o ni sepa- por el buen YouTube y Café Estrella, que ya son las 2 de la mañana...
Y si van a acompañarme, a continuación inicia nuestra gustada y multitudinariamente escuchada por mí, sección “Esta la pongo porque me gusta”, donde se mezclan sin ton si son décadas, estilos y ritmos, con la única intención de... pues de nada, en realidad. Iniciemos el periplo, pues, tomando en cuenta que no tengo la menor idea de si al dar click se aparecerá la canción, vamos, que si no, pues copiar y pegar, por las patas de mi cama. Va con bailecito de robot estreñido, al más puro estilo byrnesco de hace poquito menos de 20 años:
http://www.youtube.com/watch?v=YgSVTdAtNYE
Un regalo de los más bonitos, su disco -todavía en vinilo, sí-. Leí que lo grabó en el garage de su casa y así se trasladó a producción, un símbolo de lo que es volver de la oscuridad ¿o no?:
http://www.youtube.com/watch?v=anCg5EiB2AM
Hum, la divina, sólo hay que escucharla y olvidarse que Demi Moore la bailó en esa malísima ¡malísima! película que hizo en los noventas. Acostúmbrense, que mucho nos visitará esta dama:
http://www.youtube.com/watch?v=sAlfrJ-9uj4&feature=related
… y negra y tenebrosa al que no le guste ésta, escrita por Bruce Hornsby y que luego se la regaló a su buen amigo, que la incluyó en el álbum “Fore!”:
http://www.youtube.com/watch?v=Z02LHM1kROM
Año 1972, primer lugar del Billboard... ¿sabían que cuando este cantante tuvo lana contrató a un músico jamaiquino al que no le iba muy bien, para que le escribiera algunas letras? Sí, al mismísimo Bob Marley:
http://www.youtube.com/watch?v=NkwJ-g0iJ6w
A ver, una joya de esas que sólo aparecen una vez... será porque el grupo sólo hizo eso, una pena. Pero que servidora puede oír hasta el cansancio ¡larga vida al new wave!:
http://www.youtube.com/watch?v=7hqgC3W9GUI
Sí, sí, una rolita melcochosa más, porfis!!! Es que trae pero tantos, tantos recuerdos... y a ver a quién más le remueve las ideas ¿se acuerdan de este grupo?:
http://www.youtube.com/watch?v=ErwYPFpUag4
Pausa comercial, tengan la bondad, tres y le seguimos:
Maldito sea Marcial Maciel, pero no la madre que lo parió, que igual ni sabía la clase de monstruo que trajo al mundo. ¡No seas sacerdote, mejor estudia para locutor de noticias, te quedas tan descerebrado que ni se ocurre pensar nada! Informes en Televisa y Televisión Azteca.
¿Por qué ya no compra Jabón Zote, señora? ¡Si es re bueno y tiene los mismos ingredientes que el más caro! En España, el equivalente es el Jabón de Marsella ¡ahora bien caro y en mil diferentes presentaciones!
Próximo concierto: Paul MomiacCartney sin Wings en el Foro Sol. Precios de oro ¡ni vengan si no han vendido su alma al diablo!
Y más cosas, bueno. Este me parece que es el segundo sencillo de su primer disco, ¿o al revés volteado? La cosa es que el coro no es otra cosa más que la expresión ¡Oh, Señor! -en mi caso, de los desarrapados, oye, cada quien... ¿habrían sido las cosas distintas si el cantante hubiera aceptado estar con Chicago que no hacer su propio grupo? Sepa:
http://www.youtube.com/watch?v=XNKbHJ3PTu4
Este es uno de los ejemplos claros de un primer disco ¡glorioso! Que luego saca un segundo y ya no tiene tanto jalón, al menos en Mexicalpan de las tunas... y así hasta un total de 14. ¿Pos ónde andará? Y como no hay video de la rola que me gusta (“Across the road”), pos pongo otra y ya...
http://www.youtube.com/watch?v=dY8M8RSXem0&feature=related
En pleno apogeo del New Wave, estos ingleses superaron con mucho las expectativas... además de la increíble delgadez de Cy Curning, vocalista ¿alguien se acuerda de él 'persiguiendo' a Tina Turner?:
http://www.youtube.com/watch?v=JHYIGy1dyd8
Qué místico ni qué leches. Cachondo y sumamente sabroso, claro que sí. De lo más comercial de su carrera, de su último disco un año antes de separarse, allá en 1982, una pena. Hubo una vez en que hasta me gustaba para canción en mi boda... pero como no la hubo entonces, pues tampoco canción, chin.
http://www.youtube.com/watch?v=2zJdbpzfJMs
Pausa comercial, lo siento, tenemos que comer.
Ya. Arroz tres delicias, provecho. Y pasamos ahora a nuestra siempre gustada y jamás imitada sección “Esta se la dedico a quien me da la gana, y qué y qué”, un espacio donde, pues eso, les guste o no. Arrancamos dedicando esta bonita canción al siempre entrañable La Jesops, que allá donde está seguro que la va a tararear, sólo dos sabemos por qué.
http://www.youtube.com/watch?v=ys0cEs0iQSA
Muy bonita ella, sí. Esta que sigue es para Griss, que cómo le gustaba ver al Topo bailarla en la sala de su casa (de ella) y así la recuerdo mucho. El túnel del tiempo en acción, amigos y vecinos ¡larga vida al afro!:
http://www.youtube.com/watch?v=G_DV54ddNHE
La siguiente joya sólo puede ser apreciada por humanos como éste, el hermanote, que cayó en las garras de esta banda y ya nunca jamás se pudo escapar. Y los que le orbitábamos también nos pudimos beneficiar. Es, además, y por cortesía del casi patrocinador, uno de esos hallazgos tras buscar como una loca:
http://www.youtube.com/watch?v=iCAbdNXx2sE
Esta maravilla de canción no ha sido jamás grabada, y que yo sepa interpretada, pero existe porque se creó y se creyó en ella, y eso es lo que cuenta. En el nombre viene la dedicatoria, remontándonos -cómo no- a mediados de los ochenta, a VM que todo tiene!:
“I've got a little sharky” Los marineritos del puerto
No, ya en serio, muchas aparecen en la lista, vamos a coger una al azar, a ver si le remueve algo -y no porque la rola le gustara mucho, eh? Yo se la dedico ella sabe por qué, pero es que yo no puedo ¡ni oírla mentar! ¡qué gorda me cae!
http://www.youtube.com/watch?v=0Jy4tMySp5o
Nuestra siguiente invitada dedica su bonita canción al único e incomparable mapacín, fiel seguidor de sus rolas y capaz de escucharlas más o menos 15 veces seguidas sin cansarse (¿y los demás qué íbamos a decir?):
http://www.youtube.com/watch?v=BnwJ5KIcKX4
Y ésta que sigue, esta es para el carnalito del alma, una de las pocas ocasiones en que emisora aquí presente ha podido decirle antes que nadie quién la interpretaba ¡gol! ¡gol! Y además los vimos en vivo en Rock Stock!!!!
http://www.youtube.com/watch?v=jvHKjDKY_O8
Ya para empezar a concluir nuestra pato emisión de hoy, esta rolita que procede del disco debut de un grupo australiano y que, bueno, poco más hizo en aquella década de las hombreras inmensas y los zapatos tipo manoletina sin tacón. Pero le caló muy hondo a la bornnie, y por eso se la refrescamos hoy (la canción, es decir):
http://www.youtube.com/watch?v=OzQKECQgjW8
Pero no podemos pasar a retirarnos sin presentar una de las ¿cientos? ¿miles? De rolas que se han compartido con la integrante más pequeña del clan de donde viene la única pluriempleada de este changarro... y que por lo visto aparecerá en todas las emisiones, lo justo es justo ¡y son tantas!. Dedicada a ella nomás, aunque todos la pueden escuchar-ver si quieren.
http://www.youtube.com/watch?v=TxGGckAc1rs
Y ora sí nos vamos ya, pacientes y queridos radio-video-lectores, básicamente porque ya no son horas. Pero si siguen pendientes, continuaremos transmitiendo desde lula-radio patito rolas con recuerdo, rolas porque sí, porque han tenido la cualidad de transportarme a momentos bien exactos, algunos perfectos y otros no tanto. En la próxima edición, se dedican rolas, entre muchos, a sam, a mago, a aquél, a las viejas amistades, además de la promesa de intentar pasar un poquito más allá de los ochentas ¡que es que se nota el estancamiento! Y si da tiempo, más secciones, que el cerebro cruje de ideas...
Desconecto. Ya.
Y si van a acompañarme, a continuación inicia nuestra gustada y multitudinariamente escuchada por mí, sección “Esta la pongo porque me gusta”, donde se mezclan sin ton si son décadas, estilos y ritmos, con la única intención de... pues de nada, en realidad. Iniciemos el periplo, pues, tomando en cuenta que no tengo la menor idea de si al dar click se aparecerá la canción, vamos, que si no, pues copiar y pegar, por las patas de mi cama. Va con bailecito de robot estreñido, al más puro estilo byrnesco de hace poquito menos de 20 años:
http://www.youtube.com/watch?v=YgSVTdAtNYE
Un regalo de los más bonitos, su disco -todavía en vinilo, sí-. Leí que lo grabó en el garage de su casa y así se trasladó a producción, un símbolo de lo que es volver de la oscuridad ¿o no?:
http://www.youtube.com/watch?v=anCg5EiB2AM
Hum, la divina, sólo hay que escucharla y olvidarse que Demi Moore la bailó en esa malísima ¡malísima! película que hizo en los noventas. Acostúmbrense, que mucho nos visitará esta dama:
http://www.youtube.com/watch?v=sAlfrJ-9uj4&feature=related
… y negra y tenebrosa al que no le guste ésta, escrita por Bruce Hornsby y que luego se la regaló a su buen amigo, que la incluyó en el álbum “Fore!”:
http://www.youtube.com/watch?v=Z02LHM1kROM
Año 1972, primer lugar del Billboard... ¿sabían que cuando este cantante tuvo lana contrató a un músico jamaiquino al que no le iba muy bien, para que le escribiera algunas letras? Sí, al mismísimo Bob Marley:
http://www.youtube.com/watch?v=NkwJ-g0iJ6w
A ver, una joya de esas que sólo aparecen una vez... será porque el grupo sólo hizo eso, una pena. Pero que servidora puede oír hasta el cansancio ¡larga vida al new wave!:
http://www.youtube.com/watch?v=7hqgC3W9GUI
Sí, sí, una rolita melcochosa más, porfis!!! Es que trae pero tantos, tantos recuerdos... y a ver a quién más le remueve las ideas ¿se acuerdan de este grupo?:
http://www.youtube.com/watch?v=ErwYPFpUag4
Pausa comercial, tengan la bondad, tres y le seguimos:
Maldito sea Marcial Maciel, pero no la madre que lo parió, que igual ni sabía la clase de monstruo que trajo al mundo. ¡No seas sacerdote, mejor estudia para locutor de noticias, te quedas tan descerebrado que ni se ocurre pensar nada! Informes en Televisa y Televisión Azteca.
¿Por qué ya no compra Jabón Zote, señora? ¡Si es re bueno y tiene los mismos ingredientes que el más caro! En España, el equivalente es el Jabón de Marsella ¡ahora bien caro y en mil diferentes presentaciones!
Próximo concierto: Paul MomiacCartney sin Wings en el Foro Sol. Precios de oro ¡ni vengan si no han vendido su alma al diablo!
Y más cosas, bueno. Este me parece que es el segundo sencillo de su primer disco, ¿o al revés volteado? La cosa es que el coro no es otra cosa más que la expresión ¡Oh, Señor! -en mi caso, de los desarrapados, oye, cada quien... ¿habrían sido las cosas distintas si el cantante hubiera aceptado estar con Chicago que no hacer su propio grupo? Sepa:
http://www.youtube.com/watch?v=XNKbHJ3PTu4
Este es uno de los ejemplos claros de un primer disco ¡glorioso! Que luego saca un segundo y ya no tiene tanto jalón, al menos en Mexicalpan de las tunas... y así hasta un total de 14. ¿Pos ónde andará? Y como no hay video de la rola que me gusta (“Across the road”), pos pongo otra y ya...
http://www.youtube.com/watch?v=dY8M8RSXem0&feature=related
En pleno apogeo del New Wave, estos ingleses superaron con mucho las expectativas... además de la increíble delgadez de Cy Curning, vocalista ¿alguien se acuerda de él 'persiguiendo' a Tina Turner?:
http://www.youtube.com/watch?v=JHYIGy1dyd8
Qué místico ni qué leches. Cachondo y sumamente sabroso, claro que sí. De lo más comercial de su carrera, de su último disco un año antes de separarse, allá en 1982, una pena. Hubo una vez en que hasta me gustaba para canción en mi boda... pero como no la hubo entonces, pues tampoco canción, chin.
http://www.youtube.com/watch?v=2zJdbpzfJMs
Pausa comercial, lo siento, tenemos que comer.
Ya. Arroz tres delicias, provecho. Y pasamos ahora a nuestra siempre gustada y jamás imitada sección “Esta se la dedico a quien me da la gana, y qué y qué”, un espacio donde, pues eso, les guste o no. Arrancamos dedicando esta bonita canción al siempre entrañable La Jesops, que allá donde está seguro que la va a tararear, sólo dos sabemos por qué.
http://www.youtube.com/watch?v=ys0cEs0iQSA
Muy bonita ella, sí. Esta que sigue es para Griss, que cómo le gustaba ver al Topo bailarla en la sala de su casa (de ella) y así la recuerdo mucho. El túnel del tiempo en acción, amigos y vecinos ¡larga vida al afro!:
http://www.youtube.com/watch?v=G_DV54ddNHE
La siguiente joya sólo puede ser apreciada por humanos como éste, el hermanote, que cayó en las garras de esta banda y ya nunca jamás se pudo escapar. Y los que le orbitábamos también nos pudimos beneficiar. Es, además, y por cortesía del casi patrocinador, uno de esos hallazgos tras buscar como una loca:
http://www.youtube.com/watch?v=iCAbdNXx2sE
Esta maravilla de canción no ha sido jamás grabada, y que yo sepa interpretada, pero existe porque se creó y se creyó en ella, y eso es lo que cuenta. En el nombre viene la dedicatoria, remontándonos -cómo no- a mediados de los ochenta, a VM que todo tiene!:
“I've got a little sharky” Los marineritos del puerto
No, ya en serio, muchas aparecen en la lista, vamos a coger una al azar, a ver si le remueve algo -y no porque la rola le gustara mucho, eh? Yo se la dedico ella sabe por qué, pero es que yo no puedo ¡ni oírla mentar! ¡qué gorda me cae!
http://www.youtube.com/watch?v=0Jy4tMySp5o
Nuestra siguiente invitada dedica su bonita canción al único e incomparable mapacín, fiel seguidor de sus rolas y capaz de escucharlas más o menos 15 veces seguidas sin cansarse (¿y los demás qué íbamos a decir?):
http://www.youtube.com/watch?v=BnwJ5KIcKX4
Y ésta que sigue, esta es para el carnalito del alma, una de las pocas ocasiones en que emisora aquí presente ha podido decirle antes que nadie quién la interpretaba ¡gol! ¡gol! Y además los vimos en vivo en Rock Stock!!!!
http://www.youtube.com/watch?v=jvHKjDKY_O8
Ya para empezar a concluir nuestra pato emisión de hoy, esta rolita que procede del disco debut de un grupo australiano y que, bueno, poco más hizo en aquella década de las hombreras inmensas y los zapatos tipo manoletina sin tacón. Pero le caló muy hondo a la bornnie, y por eso se la refrescamos hoy (la canción, es decir):
http://www.youtube.com/watch?v=OzQKECQgjW8
Pero no podemos pasar a retirarnos sin presentar una de las ¿cientos? ¿miles? De rolas que se han compartido con la integrante más pequeña del clan de donde viene la única pluriempleada de este changarro... y que por lo visto aparecerá en todas las emisiones, lo justo es justo ¡y son tantas!. Dedicada a ella nomás, aunque todos la pueden escuchar-ver si quieren.
http://www.youtube.com/watch?v=TxGGckAc1rs
Y ora sí nos vamos ya, pacientes y queridos radio-video-lectores, básicamente porque ya no son horas. Pero si siguen pendientes, continuaremos transmitiendo desde lula-radio patito rolas con recuerdo, rolas porque sí, porque han tenido la cualidad de transportarme a momentos bien exactos, algunos perfectos y otros no tanto. En la próxima edición, se dedican rolas, entre muchos, a sam, a mago, a aquél, a las viejas amistades, además de la promesa de intentar pasar un poquito más allá de los ochentas ¡que es que se nota el estancamiento! Y si da tiempo, más secciones, que el cerebro cruje de ideas...
Desconecto. Ya.
viernes, 14 de mayo de 2010
Breve desvarío sobre el teatro y ser una chica Xipal
La jugada magistral no es aquella que se planea al detalle desde la nada y que luego resulta un éxito clamoroso ¡qué va! Digo yo que está -o debiera estar, vale- científicamente comprobado que el nivel de responsabilidad en dichos sucesos es directamente proporcional a la cantidad de azar, fortuna, destino, casualidad y anexos que intervienen en/para/con el mencionado evento; algo así como que no hay nada escrito y que lo que tiene que pasar, pasará. O no. O sí. O no se sabe.
Un ejemplo sencillito: yo sólo tenía claro que quería para mi primogénita un colegio privado, cerca de casa, no muy grande y a ser posible no tan caro. Con esos objetivos en mente empecé por descartar al primero, básicamente porque aunque casi se necesitara un carrito de golf para recorrerlo y una cuenta bancaria de artista de primera o jefe de cartel para cubrir las cuotas pues nada, ni estaban tan guapas las instalaciones. Luego salí corriendo del siguiente, tras una entrevista en el patio, muy pequeño, en los bajos del edificio; vamos, que el hecho de que no recibiera casi sol no fue gran obstáculo como la humana -monja no- que me atendió, sentadas las dos bajo una placa con frases sacadas del gran libro de los pecados, y pareciendo ella algo así como la jefa editorial de tan devota empresa -la de la biblia, no de la escuela. De ahí ni los uniformes alcancé a ver, pero me los pude imaginar-. Piernas pa'qué las quiero.
El recorrido siguió varios días, mientras la fecha clave se acercaba a trompicones. Exigían que mi bodoque fuera bilingüe... que leyera, escribiera, sumara y multiplicara... además de una traducción precisa de sus notas procedentes de España, que acá funcionaban con letras y había que buscar la interpretación más abajito, además de coger paciencia para explicar, una y otra vez, que en España no leen ni escriben hasta los 7 años. A saber la cantidad de colegios que recorrí, sola y con la chamaca, a quien todo le gustaba y luego ya no tanto (fiú en muchos casos); faltando 8 días para el inicio del curso, a punto de tirar la toalla por agotamiento, nada menos que en el boliche la compañera de mesa va y me recomienda la pequeña, encantadora, no muy cara y cercana escuela donde iba su hija. Más rápido que las ganas de cambiarle a una peli de Resortes me aparecí el lunes... y me quedé pasmada de gusto. Pequeña, construida como un pequeño pueblo, con un patio sencillo, un pequeño teatro al fondo y un área más que infantil, de vivos colores... la había encontrado.
Y también las encontré a ellas. Mi hija y ellas se fascinaron mutuamente. La mía, porque esos habladitos medio gachupines y su -ya conocido y natural- desparpajo les sedujo, y ellas porque aman con sincera devoción a los niños, y a todos los consideran como suyos. Se hizo la ecuación y ahí empezó otra etapa mágica, esta vez para las dos a la vez (simultáneamente, juntos y together, diría mi apá). Nada ni remotamente parecido a mi experiencia de dos años en colegio público de Madrid. Ni a los años que yo trabajé en colegios varios, siendo la oficial Miss Lula de inglés. ¡Todo era divertido! ¡Todo tenía un fin que iba más allá de desquitar la colegiatura con tardes enteras de tareas y trabajos, y trabajos y tareas! ¡Nunca había visto juntas de padres de familia tan numerosas y tan participativas! Nunca -hasta ahora- me había sentido tan acogida y apoyada en mi situación, tan tranquila en cuanto al desarrollo académico de mi bienamada escuincla.
Y un día me encuentro un letrero en la puerta, donde solicitan actrices, sin preferencia alguna, para participar en la obra anual que con motivo del día del niño la escuela presenta, dedicada al alumnado y actuada por... las mamás. Hice el casting (vamos, que fui a la junta) con curiosidad más que todo y salí convertida, sin deberla ni temerla, en la/el co-protagonista de la nueva versión de Blancanieves. Pues eso, aprovechando el dejo también gachupín que me cargo y que me invade al ratito de andar entre ellos, quedé designada como el amante príncipe de la Blanquis... y ni como escaparse . No de ellas, de ese grupo de chicas Xipal que me aceptó desde el principio, sino del pánico escénico, incluido baile final con rola de Robbie Williams.
La obra fue un éxito -como siempre había sido, debo aclarar. El personal adulto aceptaba los dobles sentidos, las babosadas y los 'efectos especiales', y el público infantil adoraba lo que entendía, oséase los pequeños la visión de disfraces y demás parafernalia (ah, mi brioso corcel, compuesto por un patín del diablo con una cabeza caballuna de tela), y los mayorcitos festejando todas las barbaridades y gazapos que soltábamos. Me gané el premio de sentirme a gusto, desinhibida y acoplada. Sobre todo me gané una banda de amigas alucinante.
No, no son un grupo de madres alocadas que se aburren y andan viendo qué pueden hacer; ni un grupo de madres que andan viendo qué pueden hacer y se vuelven alocadas; fue sencillamente que un gran sentido del humor y del compañerismo aterrizó y las unió a todas, y yo entré en él con total sencillez, sin adornos de ningún tipo. Había confianza para hablar de todo, siempre había tiempo para hacer algo por alguien. Y el permiso del colegio para hacer las burradas anuales que servían, además, como desahogo para muchas otras cosas. Y aunque siguieron haciendo casting, año tras año, y nuevos rostros aparecían en escena, ese grupo exclusivo, ese petite comité, convocaba los mejores desayunos, las mejores fiestas de cumpleaños, ¡hasta el baby shower de mi hermanita!, y por supuesto, las mejores obras. Porque nunca nadie, en los anales de la historia del teatro en México, podrá superar el éxito rotundo, absoluto, total, inenarrable e inolvidable de Shrek y ese increíble elenco, adaptación libre y desmadrosa de la guionista oficial -y estelar de la obra-; o de la madre de todas las Galletas; del lord más vanidoso; del burro más alburero y divertido; de un Robin Hood que entraba en escena con una vuelta de carro ¡alucinante! seguida de sus secuaces; una Bella tan Bellita que, además, ponía la coreografía para el GRAN baile final, ese año con la música original; del vestuario tan cuidado y detallado, cortesía de las hábiles manos de otra gran eximia y permanente actriz/mamá; ah, de los efectos de sonido, producción sin par del más grande músico que ha habido por la colonia -sí, pues: mi hermanito-. ¡Y las misses! Conchita, Marité, Miss Claudia y todas las demás, nada hubiera salido tan sensacional sin su apoyo. ¿Total de representaciones? Creo que cuatro -cuando normalmente sólo era una, quizá dos-. ¿Premios recibidos? Todos, empezando por los alumnos más pequeños hasta aquellos viejitos del asilo donde fuimos a dar la función. Y aplicando los mismos principios, desfilaron cada año, para los niños pero, sinceramente, para nosotras, la escuelita del Chavo, la Era del Hielo, Toy Story, Lilo y Stich... memorables momentos de la escena, sí que sí. ¿Alguien que los suba a Youtube?
Sobre todo las risas ¡los inacabables ensayos!, los albures, los atrezzos, las noticias, ¡la asaltaron cuando fue por las coca colas!; el salón donde nos transformábamos... la gran comida de festejo final, si hasta diploma nos dio la escuela. Porque se pintaban solas para hacer que cada evento fuera especial, siempre. Y lo digo fuerte y claro: ¡las mías fueron las mejores! Con la pena... pero entre que eran comidas y no desayunos (yo ya trabajaba), que siempre estaban todas... Los bazares navideños; las misas de Día de la Madre; las mudanzas, el juego de las preguntas...¡el mejor fin de semana de pura vieja en Tequisquiapan, alucinante! Insisto: he sido afortunada. Ellas, desde luego, siempre han estado al pie del cañón.
Hoy sólo quería que constara en actas. Somos unas chicas Xipal y aunque los chamacos ya anden semi preparatorianos, siempre lo seremos. Miri, Lord, Galle, Gaby, Martita, Tere, Bella, Laura Mc, Moni, Emi, Blancanieves, Susi ¡salud con un gran tequila!
Un ejemplo sencillito: yo sólo tenía claro que quería para mi primogénita un colegio privado, cerca de casa, no muy grande y a ser posible no tan caro. Con esos objetivos en mente empecé por descartar al primero, básicamente porque aunque casi se necesitara un carrito de golf para recorrerlo y una cuenta bancaria de artista de primera o jefe de cartel para cubrir las cuotas pues nada, ni estaban tan guapas las instalaciones. Luego salí corriendo del siguiente, tras una entrevista en el patio, muy pequeño, en los bajos del edificio; vamos, que el hecho de que no recibiera casi sol no fue gran obstáculo como la humana -monja no- que me atendió, sentadas las dos bajo una placa con frases sacadas del gran libro de los pecados, y pareciendo ella algo así como la jefa editorial de tan devota empresa -la de la biblia, no de la escuela. De ahí ni los uniformes alcancé a ver, pero me los pude imaginar-. Piernas pa'qué las quiero.
El recorrido siguió varios días, mientras la fecha clave se acercaba a trompicones. Exigían que mi bodoque fuera bilingüe... que leyera, escribiera, sumara y multiplicara... además de una traducción precisa de sus notas procedentes de España, que acá funcionaban con letras y había que buscar la interpretación más abajito, además de coger paciencia para explicar, una y otra vez, que en España no leen ni escriben hasta los 7 años. A saber la cantidad de colegios que recorrí, sola y con la chamaca, a quien todo le gustaba y luego ya no tanto (fiú en muchos casos); faltando 8 días para el inicio del curso, a punto de tirar la toalla por agotamiento, nada menos que en el boliche la compañera de mesa va y me recomienda la pequeña, encantadora, no muy cara y cercana escuela donde iba su hija. Más rápido que las ganas de cambiarle a una peli de Resortes me aparecí el lunes... y me quedé pasmada de gusto. Pequeña, construida como un pequeño pueblo, con un patio sencillo, un pequeño teatro al fondo y un área más que infantil, de vivos colores... la había encontrado.
Y también las encontré a ellas. Mi hija y ellas se fascinaron mutuamente. La mía, porque esos habladitos medio gachupines y su -ya conocido y natural- desparpajo les sedujo, y ellas porque aman con sincera devoción a los niños, y a todos los consideran como suyos. Se hizo la ecuación y ahí empezó otra etapa mágica, esta vez para las dos a la vez (simultáneamente, juntos y together, diría mi apá). Nada ni remotamente parecido a mi experiencia de dos años en colegio público de Madrid. Ni a los años que yo trabajé en colegios varios, siendo la oficial Miss Lula de inglés. ¡Todo era divertido! ¡Todo tenía un fin que iba más allá de desquitar la colegiatura con tardes enteras de tareas y trabajos, y trabajos y tareas! ¡Nunca había visto juntas de padres de familia tan numerosas y tan participativas! Nunca -hasta ahora- me había sentido tan acogida y apoyada en mi situación, tan tranquila en cuanto al desarrollo académico de mi bienamada escuincla.
Y un día me encuentro un letrero en la puerta, donde solicitan actrices, sin preferencia alguna, para participar en la obra anual que con motivo del día del niño la escuela presenta, dedicada al alumnado y actuada por... las mamás. Hice el casting (vamos, que fui a la junta) con curiosidad más que todo y salí convertida, sin deberla ni temerla, en la/el co-protagonista de la nueva versión de Blancanieves. Pues eso, aprovechando el dejo también gachupín que me cargo y que me invade al ratito de andar entre ellos, quedé designada como el amante príncipe de la Blanquis... y ni como escaparse . No de ellas, de ese grupo de chicas Xipal que me aceptó desde el principio, sino del pánico escénico, incluido baile final con rola de Robbie Williams.
La obra fue un éxito -como siempre había sido, debo aclarar. El personal adulto aceptaba los dobles sentidos, las babosadas y los 'efectos especiales', y el público infantil adoraba lo que entendía, oséase los pequeños la visión de disfraces y demás parafernalia (ah, mi brioso corcel, compuesto por un patín del diablo con una cabeza caballuna de tela), y los mayorcitos festejando todas las barbaridades y gazapos que soltábamos. Me gané el premio de sentirme a gusto, desinhibida y acoplada. Sobre todo me gané una banda de amigas alucinante.
No, no son un grupo de madres alocadas que se aburren y andan viendo qué pueden hacer; ni un grupo de madres que andan viendo qué pueden hacer y se vuelven alocadas; fue sencillamente que un gran sentido del humor y del compañerismo aterrizó y las unió a todas, y yo entré en él con total sencillez, sin adornos de ningún tipo. Había confianza para hablar de todo, siempre había tiempo para hacer algo por alguien. Y el permiso del colegio para hacer las burradas anuales que servían, además, como desahogo para muchas otras cosas. Y aunque siguieron haciendo casting, año tras año, y nuevos rostros aparecían en escena, ese grupo exclusivo, ese petite comité, convocaba los mejores desayunos, las mejores fiestas de cumpleaños, ¡hasta el baby shower de mi hermanita!, y por supuesto, las mejores obras. Porque nunca nadie, en los anales de la historia del teatro en México, podrá superar el éxito rotundo, absoluto, total, inenarrable e inolvidable de Shrek y ese increíble elenco, adaptación libre y desmadrosa de la guionista oficial -y estelar de la obra-; o de la madre de todas las Galletas; del lord más vanidoso; del burro más alburero y divertido; de un Robin Hood que entraba en escena con una vuelta de carro ¡alucinante! seguida de sus secuaces; una Bella tan Bellita que, además, ponía la coreografía para el GRAN baile final, ese año con la música original; del vestuario tan cuidado y detallado, cortesía de las hábiles manos de otra gran eximia y permanente actriz/mamá; ah, de los efectos de sonido, producción sin par del más grande músico que ha habido por la colonia -sí, pues: mi hermanito-. ¡Y las misses! Conchita, Marité, Miss Claudia y todas las demás, nada hubiera salido tan sensacional sin su apoyo. ¿Total de representaciones? Creo que cuatro -cuando normalmente sólo era una, quizá dos-. ¿Premios recibidos? Todos, empezando por los alumnos más pequeños hasta aquellos viejitos del asilo donde fuimos a dar la función. Y aplicando los mismos principios, desfilaron cada año, para los niños pero, sinceramente, para nosotras, la escuelita del Chavo, la Era del Hielo, Toy Story, Lilo y Stich... memorables momentos de la escena, sí que sí. ¿Alguien que los suba a Youtube?
Sobre todo las risas ¡los inacabables ensayos!, los albures, los atrezzos, las noticias, ¡la asaltaron cuando fue por las coca colas!; el salón donde nos transformábamos... la gran comida de festejo final, si hasta diploma nos dio la escuela. Porque se pintaban solas para hacer que cada evento fuera especial, siempre. Y lo digo fuerte y claro: ¡las mías fueron las mejores! Con la pena... pero entre que eran comidas y no desayunos (yo ya trabajaba), que siempre estaban todas... Los bazares navideños; las misas de Día de la Madre; las mudanzas, el juego de las preguntas...¡el mejor fin de semana de pura vieja en Tequisquiapan, alucinante! Insisto: he sido afortunada. Ellas, desde luego, siempre han estado al pie del cañón.
Hoy sólo quería que constara en actas. Somos unas chicas Xipal y aunque los chamacos ya anden semi preparatorianos, siempre lo seremos. Miri, Lord, Galle, Gaby, Martita, Tere, Bella, Laura Mc, Moni, Emi, Blancanieves, Susi ¡salud con un gran tequila!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)